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	<title>La Charpa del Azabache</title>
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	<description>"A la minoría, siempre"  -  Juan Ramón Jiménez</description>
	<pubDate>Sun, 14 Mar 2010 18:32:31 +0000</pubDate>
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		<title>EL RAYO QUE NO CESA</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Mar 2010 18:32:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Como si del mito de Sísifo se tratara, esta España nuestra, siempre al borde de su redención y siempre reconstruyendo lo que con saña destruye, cifra en el entorno taurino el arcano de su más pura y evanescente esencia. &#8220;La Historia del Toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/miguel-hernandez31-150x150.jpg" alt="miguel-hernandez31" width="150" height="150" />Como si del mito de Sísifo se tratara, esta España nuestra, siempre al borde de su redención y siempre reconstruyendo lo que con saña destruye, cifra en el entorno taurino el arcano de su más pura y evanescente esencia. &#8220;<em>La Historia del Toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda</em> &#8220;. Ortega, siempre Ortega.<br />
Los Toros son, pues, para escarnio e infortunio de muchos, el más evidente notario de lo intrínseco y singular que moteja todo señuelo de ascendente español.</p>
<p>Nada más lejos de mi intención que pretender hacer ahora una genealogía de lo taurino. Pocas cosas resultan tan aburridas como baldías. Entre otras circunstancias, porque la evidencia, de puro rotunda, no precisa de avales ni justificaciones.<br />
Provócanme profundo desprecio quienes ahora se pretenden arrogar capacidades visionarias, como la de estimar en la algarada de Esperanza Aguirre un motivo de júbilo taurino. Suelen ser tiñosos pancistas que en lo revuelto del río se adelantan a la ganancia de los pescadores. Trepas de insaciable codicia que denuncian lo que a continuación practican, como pretendiendo así inmunizar su abyecta conducta de la denuncia ajena. Eso de que el que da primero da dos veces. Moralistas de papel maché. Antropólogos del residuo.<br />
España es el país de los grandes fastos. De las celebraciones que, en lugar de ir a los sustantivo, se quedan en la anécdota de lo conmemorativo. La fiesta por el festejo, no por el motivo que le da pábulo.</p>
<p>Este año se cumplirá el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Se harán programas televisivos, de relleno en el mejor de los casos. Se utilizará su figura de forma sectaria y antojadiza. Se volverá a agotar su obra con el único objeto de saciar una falaz demanda, yendo sus volúmenes a calzar mesas, o a adoptar polvo en el más olvidado de los estantes. Se impondrá, de nuevo, el tópico del cabrero víctima de esa media España gris y numeraria que lo mandó al injusto cadalso de una tuberculosis consentida.<br />
Pero Miguel fue mucho más que todo eso. Se impone adoptarle, no como un poeta de sólida simpatía por lo taurino, sino por uno de los más eximios ejemplos de afición sin mácula. Desde el yermo horizonte de aquejados pastos y palmeras, Miguel fue cultivando la añeja sabiduría del ritmo y el concepto, entre balido y risco. Un poeta de humilde abolengo que nunca rechazó su origen. Que hizo de su entorno y modesto estrato el distintivo de su poesía. Un hombre que llevaba en la masa de la sangre la identidad de su estirpe. Y como su linaje, su contexto. Esa España estéril e implacable de abarca y alforja, de yunta y yugo, de sudor y simiente. En sus sonetos irrumpe el toro con la fuerza de lo telúrico. Como el dios inmolado en el esotérico ruedo de los tiempos, donde su sangre fecunda una tierra árida y hostil. Y su lengua, en corazón bañada, le da sustrato a la saliva de nuestros huesos. Miguel. Miguel es el referente en este nuevo tiempo de penumbra y acechanza. La voz que nos redime del frontal ataque de la sinrazón. O de la &#8220;conrazón&#8221;. Del exceso de Razón. Que también de esa demasía mueren los pueblos.<br />
Me produce infinita tristeza observar cómo saltan a la palestra los petimetres de la sintaxis en esta nueva refriega de desencuentros entre lo taurino y su antagonista. Los esbirros de lo recurrente. Los secuaces de lo previsible. Los mugrientos aventadores de hallazgos. Toda esa porqueriza de pesebreros que encuentra en los ejemplos manidos la peana de su alegato. Esa homilía de lugares comunes y ejemplos agostados. ¡Ya está bien de citar a Lorca y Picasso como eximios abogados de lo taurino!. Como ilustres garantes de lo bien desposado de lo taurino con lo progresista. ¡Ya está bien de justificar lo obvio!.<br />
Miguel. Miguel es la clave. El escritor que dejó su baliza en las mejores semblanzas del Cossío. El que nos entregó a un <em>Tragabuches</em> de perfil legendario y orografiado de penumbras. El que durante la Guerra Civil, entre soneto y endecha, se acercaba al ganado bravo para observar en su astada frente todo su corazón desmesurado. El que apretaba los dientes, como el fusil, llegada la hora de forjar la paz para el hijo.<br />
Él, como nadie, es la clave. El poeta condenado a un imposible olvido por parte de quienes no se podrán sacudir jamás el remordimiento de conciencia, como por los que pretenden jerarquizar inmolaciones. Lorca lo despreció en medida proporcional a la que Alberti llegó a envidiarle. Y aunque los dos sean referente de libertad y compromiso, a los dos supera Miguel en abnegación, sinceridad y entrega, consciente como fue de que a él le empujaba viento del pueblo. Ese pueblo que ante los ataques de la sinrazón, o la &#8220;conrazón&#8221;, hoy más que nunca entona ese canto que dice:</p>
<p><em>Retoñarán aladas de savia sin otoño<br />
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.<br />
Porque soy como el árbol talado, que retoño:<br />
porque aún tengo la vida.</em></p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>EL MAÑANA EFÍMERO</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 14:40:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Se están desoxidando las viejas chirimías y cornetas que ensayan el toque a rebato. Cierran filas entorno a una bandera la jauría de odios embozados que muestran sus salivados dientes. Truena la ubérrima causticidad de esa saña carpetovetónica cuyo blasón se cifra en la españolísima leyenda que ribetea su heráldica, donde se puede leer: &#8220;De [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/espe2-150x150.jpg" alt="espe2" width="150" height="150" />Se están desoxidando las viejas chirimías y cornetas que ensayan el toque a rebato. Cierran filas entorno a una bandera la jauría de odios embozados que muestran sus salivados dientes. Truena la ubérrima causticidad de esa saña carpetovetónica cuyo blasón se cifra en la españolísima leyenda que ribetea su heráldica, donde se puede leer: &#8220;<em>De qué se habla, que me opongo</em>&#8220;.<br />
De nuevo esa capciosa tendencia a desempolvar la adarga antigua, la lanza en astillero y toda la vieja armadura de nuestros antepasados, sellada de orín y moho, no con objeto de blandirla en pos de un ideal con el que <em>desfacer</em> entuertos, sino con el único objetivo de cristianizar a cruzazos, o apostatar a himnoriegazos.<br />
La vieja España zarandeada de intrínsecos odios puestos a secar sobra la devanadera de las cuerdas que sostienen sus periferias. Este vetusto solar que dejara en barbecho Caín.</p>
<p>Vuelta la burra al trigo, la atención se cierne nuevamente sobre el <em>Parlament</em> catalán. Ese escenario de desencuentros entre la España que ora y embiste y la España del cincel y de la maza. Discursos hueros, prosapia de vanidades, palúdicos espasmos de pretendido ingenio y, al fondo, el taller en que se teje la mala suerte de un país que regurgita gobernantes con hedor a canonjía.<br />
Los medios de comunicación taurinos, pretendiendo lubricar un hallazgo, lanzan titulares de todos esos políticos, reservones y marrajos, a los que la actualidad les pone el toro en suerte. ¡Qué falta de ingenio la de este colectivo de plumillas al acecho!.<br />
Se mesan los cabellos, se crispan los gestos, se reconcentra el ademán. No se dan cuenta -tan cortos son de alcances - que esta es la única terapia de reanimación que puede aparejar el indulto de tan honda, como malversada liturgia.<br />
Litigio sobre el tapete, al taurineo de tópico y ladillas se le suben los colores. Los desalmados oportunistas que, bajo franciscano hábito de hermano toro, no persiguen sino la estocada en la cruz de lo que lleve etiqueta de <em>made in Spain</em>, vejan, ultrajan, injurian y difaman, despreciando (machadianamente) cuanto ignoran.  Y los taurinos, en lugar de tener mano izquierda, entran al trapo para terminar consintiendo la faena en los terrenos en que se han aquerenciado los antitaurinos. Falta de luces. No sólo las del traje.<br />
Al quite, la más desafortunada acreedora de notoriedad del espectro político. Una Esperanza Aguirre estraperlista y logrera que salta al ruedo de la actualidad para atizar la mecha que enciende el odio africano entre un centralismo de fibra óptica y un catalanismo de barretina descolorida. ¿A qué se arroga esta suripanta este innecesario y desacertado alarde de españolidad rancia  y naftalinada?.<br />
Brindis al sol, so pretexto de elevar los Toros a Bien de Interés Cultural.<br />
Hiede esta España de deberes por hacer. Este solar de revoluciones pendientes, decapitaciones aplazadas, prevaricación de justicia social y <em>guerracivilismo</em> larvado en su más palmaria simpleza. Éramos pocos y parió la abuela.<br />
¿A son de qué la enredadora presidenta de la Comunidad de Madrid se saca un jaque de la manga que no hace sino azuzar viejas y soterradas pendencias que vienen a poner en solfa el complejo maridaje entre las dos ciudades más potentes de España?. ¿Con objeto de qué esta tipa deja con las posaderas al aire a sus correligionarios catalanes?. ¿Con permiso de quién enarbola la denostada Fiesta de los Toros como arma arrojadiza de perfil político?. Resulta repugnante la fetidez de oportunismo sectario de que pretende revestirse a costa de una liturgia que, por pertenecer al pueblo, rechaza banderías y militancias. Si tanto le preocupan los Toros y tan importantes los considera, ¿porqué no ha dotado al canal televisivo que usufructúa y envilece -me refiero a Telemadrid, naturalmente- de un programa taurino?. ¿Porqué hace tantísimo tiempo que no se televisan corridas en Telemadrid?. ¿Porqué es tan escasa la información vinculada a los Toros de esta cadena?. Y, por último, ¿porqué tiene, o tuvo, al frente de las contadas y soporíferas retransmisiones taurinas a un equipo de quitameriendas, mal dirigido por el ignaro y sandio Miguel Ángel Moncholi, singular ejemplo de servilismo y mentecatez?.<br />
A la inoportuna irrupción de esta versión política de Ana Obregón que es Esperanza Aguirre, esa petarda transformista, dado que utiliza más disfraces que Mortadelo, la secunda un Consejo de Ministros socialistas (especialistas en el vicio al alcance de la mano) que, no contentos con la metedura de pata del año pasado al conceder la Medalla de las Bellas Artes al primero y menos malo de los Rivera Ordóñez, este año se la conceden al prestidigitador Luis Francisco Esplá, esa sombra de lechuzo tarambana.<br />
Es evidente que los Toros, desde uno y otro sector, están en el punto de mira. Todos tratan de utilizarlos a su antojo. Fiel remedo de esta pobre España que viene penando y desangrándose desde siglos ha.</p>
<p>Como el final de esa berlanguiana genialidad que es &#8220;La Vaquilla&#8221;, entre todos la mataron y ella sola se murió. En espera de una España que alborea despacio, muy despacio&#8230;<br />
<em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>LA EVIDENCIA, CONCLUYENTE</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 21:05:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[A medida que la tarde languidecía más allá de la circense cubierta que pretende servir de cúpula al Palacio de Vistalegre, más se acentuaba la intensidad artificial de su mortecina luz interior. Ese vómito lumínico que naranjea el enfermizo albero de su ruedo.
Tarde de relumbrón, en que cincuentonas desocupadas dejaron de lado el café y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/morante21-150x150.jpg" alt="morante21" width="150" height="150" />A medida que la tarde languidecía más allá de la circense cubierta que pretende servir de cúpula al Palacio de Vistalegre, más se acentuaba la intensidad artificial de su mortecina luz interior. Ese vómito lumínico que naranjea el enfermizo albero de su ruedo.<br />
Tarde de relumbrón, en que cincuentonas desocupadas dejaron de lado el café y las pastas en casa de Carmencita para irse de la mano de sus bolsos  <em>Loewe</em> y <em>Dolce&amp;Gabanna</em> a ver a Cayetano Rivera; criticar, de paso, a Pilarín por lo mal que le salió su estiramiento de cuello; y hablar del nuevo amante de Titina, un monitor de<em> aeróbic</em> especialista en quebrar cornudos con mayor torería que la exhibida por el segundo de los Rivera Ordóñez al ir a brindar el último toro, de la última corrida, del último invento, de los últimos especuladores del recinto de marras.<br />
Público dispar y heterogéneo que iba del &#8220;ojos glaucos tienes&#8221; al &#8220;cómo te lo has llevado&#8221;. Miscelánea de contrastes. La pincelada gruesa de Goya, el goterón entintado de Solana, la soflama de la greguería de Ramón Gómez de la Serna.<br />
Callejón atiborrado de gorrones. Plumillas oxidadas que mendiguean el espacio que les evita aflojar la mosca. Dispensadores del abrazo de la mantis, el beso de Judas y  la entrepierna de la Esteban.<br />
Morralla de playas sin mar, basura de  pozos sin vertedero y en una localidad del tendido 6, el bobo de Zabala de la Serna anotando naderías en su descalcificada prosa.</p>
<p>En el ruedo, de forma sucesiva y por asumido orden, seis toros de una de las ganaderías más bravas del momento. A pesar de que Núñez del Cuvillo experimente problemas de espacio en su finca de Vejer de la Frontera para acumular tanto animal, la masificación, en su caso, no lleva aparejada una crisis de embestidas. Seis toros encastados, movedizos y garantistas de ese misterio que da en llamarse bravura. Los dos de más acentuado ascendente, en el mismo lote y para el mismo matador. Alejandro Talavante. Un torero con aspecto de actor de reparto en una de esas películas de cine de autor, escasa de presupuesto y de ideas, pero eso sí, mucho drama emocional, mínimos diálogos de engolada escenificación, pausas volitivas de gesto reconcentrado como pretendiendo bucear aguas abajo de un enigma resuelto en el reverso de una tapa de yogur.<br />
Un toreo bien hecho, escasamente dicho y pésimamente interpretado. Su espada, más endeble que la del as de la baraja cuando pintan copas.<br />
Los dos peores toros, también en el mismo lote. Dos testaferros de la nobleza que cupieron en desgracia a  Morante de la Puebla. Animales de bravura derivada, a mitad de camino entre el instinto y la inteligencia. Pero he aquí un torero.<br />
Morante demostró lo poco gregario del Arte. Lo veleidoso de una disciplina que en él tiene un artista, en Talavante un trapecista y en Cayetano un carterista.<br />
La misma gracia que el Cielo le ha negado a Perera, parece haberla centuplicado en el caso de Morante. Goza del privativo don de una torería añeja y auténtica. Una personalidad arrolladora que patentiza en los detalles más menudos. La despaciosidad que fue capaz de imprimir en distintos pasajes de su faena al cuarto, le permitió refocilarse en la quebrada aurora de una génesis de manantial. El toro quedó paralizado en el instantáneo eterno en que se durmió su genio por el pulso intemporal del artista que modelaba el todo de la nada.<br />
Una sencillez reivindicativa de la vuelta a la Naturaleza. No en balde, esta imita al Arte.<br />
La ceniza de los puros que en tarde tan señalada no pudo fumarse, tiene más garbo y torería que todo Cayetano.<br />
Este Rivera es un 28 de diciembre. Por lo pesado de la broma y por el tributo del inocente. Con lo a gusto que estaba este anodino guapo desfilando en pasarelas para <em>amateurs</em> y engañando a listas incautas, quién le habrá metido en este fregado.<br />
Un torero sin divisa, un matador sin don, un diestro sin zurda. Un estevado que es todo pierna y, en sus andares, la repajolera gracia de un campeón en <em>Nintendo</em>.<br />
Sus dos toros, por más que se empeñen los catacaldos paniaguados, fueron dos animales de posibles que no llegaron a definirse en solidaridad con su procurador de tormentos.  La actitud de este Cayetano no es ni siquiera equiparable a la de un tapia primerizo. Defectos de novel como pretender parar los empellones con las manos y no sacarles los vuelos a los toros en un codilleo que entronca con la tan cacareada ala de pollo. Y si a sus cortas entendederas el oficio no ha puesto coto, qué menos que tirar de valor apelando a reservas de dignidad. Pero, <em>quiá</em>. Ni por esas. Los profesionales suelen llamar a estos tipos &#8220;chuflones&#8221;. Especie que prolifera al calor de lo taurino.<br />
Si este país tuviera sangre, habría habido una revuelta para mandar a este niño a estudiar a Londres y empaquetado con él, a su apoderado en calidad de maestresala.<br />
Con el quinario que pasan los muchachos que empiezan en esto del Toro, y que este sinvergüenza que ha empezado por donde todos sueñan terminar&#8230; Me cago en la puta.<br />
Para tener que leer luego eso de &#8220;<em>Cayetano siembra su distinción en Bilbao</em>&#8221; (Zabala de la Serna en ABC 05/09/05). Cagada Zabala.<br />
Claro que este es el mismo necio que señala  que &#8220;<em>uno a veces abomina de la rotundidad, de las llamadas faenas rotundas, gruesas, de domadores meritísimos,&#8230;</em>&#8220;, en una cobarde omisión al Juli quien no es, en absoluto, incompatible a Morante. La incompatibilidad del genio de la Puebla se daría en mayor medida con su manoseado &#8220;dios de piedra&#8221;, ese José Tomás antojadizo y evasivo.</p>
<p>Así pues, la evidencia, concluyente. Morante es el más extraordinario artista del momento y Cayetano la más incalificable estafa.  No obstante, la recua de estómagos agradecidos que padecemos en los medios de comunicación y que no tienen valor, y sí intereses para obviar este punto, siguen mirando hacia otro lado para continuar hocicando en sus respectivos pesebres.<br />
A todo esto, Pituca, Lali, Luchi, Mati y Maritina, después de poner  a Carmencita, Pilarín y Titina de chupa de dómine, se fueron encantadas por lo guapo que había estado Caye.<br />
Vivir para ver.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>LA CONCLUSIÓN, EVIDENTE</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 20:46:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La evidencia es obstinada. Es ese implacable notario, tozudo y pertinaz, que levanta acta de aquello que por ser como es no puede ser de otra manera. El pasado sábado, 27 de febrero de 2010, acudí a los Toros de Carabanchel. Esa plaza híbrida de centro comercial y recinto deportivo. Curiosa génesis de aquello que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/vistalegre-150x150.jpg" alt="vistalegre" width="150" height="150" />La evidencia es obstinada. Es ese implacable notario, tozudo y pertinaz, que levanta acta de aquello que por ser como es no puede ser de otra manera. El pasado sábado, 27 de febrero de 2010, acudí a los Toros de Carabanchel. Esa plaza híbrida de centro comercial y recinto deportivo. Curiosa génesis de aquello que da en llamarse plaza de toros multifuncional. ¿Ha caído usted en la cuenta de ese revelador detalle?. El producto que arroja el cruce entre una superficie mercantil y una cancha de baloncesto, es una plaza de toros. Es decir, la olímpica frialdad del comercio.<br />
Su luz gastada, su calor viscoso, su ausencia de sol y moscas la convierten en el laboratorio de una modernidad mal digerida. Señalaba Pascal que &#8220;<em>todo lo que se perfecciona por progreso, perece también  por progreso</em>&#8220;, de modo que conviene someter a revisión aquello que por nuevo pretende pasar por moderno.<br />
Lo mejor, la compañía. Un grupo de buena gente venida de un recoveco del Sur, de quien tuve la fortuna de rodearme para mostrarles como nos las gastamos en la capital. Si no tenemos toros por vía natural, nos los inventamos por fecundación <em>in vitro</em>. A ese grupo se sumaba un compañero y, desde entonces amigo, que me confirmó en la teoría de que se puede ser aficionado y discreto. Nada de alharacas, voces a destiempo, ni yo la tengo más larga. Un aficionado transustanciado de pudor y prudencia sobre pátina de cultura, a mitad de camino entre el asfalto y el polvo de los caminos. Un hombre voluntariamente alejado del mundanal ruido, donde sólo se dejan oír nuevos ricos y arribistas. Ganadero de ascendente que ha preferido pasar por ciudadano de a pie antes que renunciar a sus recuerdos.<br />
Toros de Garcigrande. Juanpedros ¿de qué generación?. Terrible tendencia la de estos tiempos que caminan por el sumidero de una uniformidad ganadera donde los antitaurinos pueden nutrir su discurso. ¿Quién dice que el espectáculo de los Toros preserva la multidisciplinar reserva de bravo?. Coquillas, Gracilianos, Galaches, ¿dónde estáis?. El taurinismo es el principal responsable del holocausto de señeros hierros que hoy no son sino el pie de foto de imágenes del Cossío.<br />
Cartel de máximo lujo en estos andurriales de la segunda década de siglo. Al pie de la plaza, el principal elemento de promoción de este espectáculo. Un autobús de origen británico plastificado de imágenes con toreros como reclamo, no se sabe muy bien si para asistir al evento, o para huir de él. Taquillas calvas. Público mestizo y variopinto que, nada más comenzar el espectáculo, bajaba raudo por entre el disforme cemento de las zonas de gallinero a que el excesivo, exagerado y obsceno precio de las entradas les había confinado. Los de la televisión, un Canal Plus reincidente y previsible, frotándose las manos por cuanto ya no tendrían que disimular la alopecia de unos tendidos despoblados, toda vez que estos eran tomados, cual Bastilla, por los jacobinos que se proyectaban plaza abajo. Lamentablemente, no había <em>sans culottes</em> que llevaran a cuestas su guillotina para mostrársela a los avaros empresarios.<br />
En el ruedo, el poder de lo evidente. Dos figuras del Toreo por la gracia de Dios, maceraban un cartel al que accedía un tercero de ínfulas con vencimiento a plazo fijo. Por más que se empeñen algunos en defender sindioses, Perera no deja de ser un buen torero cuya eminente técnica y su contrastado valor no resultan suficiente aval como para sentarse en ninguno de los escasos sillones de esta críptica academia de arte efímero. Ser figura implica tener un algo que no encuentra asidero en lo simple de la estadística. Por aquí se filtra la presunción de que a los comunistas no les gustan los Toros. Saben bien que aquí no somos todos iguales. El caso es que la gracia que el Cielo no ha querido dar a Perera, nadie puede pretender que se la deba dar yo. Así pues, Perera me sigue resultando ese torero que sirve de intermedio entre quienes torean antes y después de él.<br />
José María Manzanares demostró que se sabe torero. Ante la renuente embestida del segundo manso de Garcigrande, no le cupo más alternativa que la de demostrar que la estética sobre la que toma baliza su toreo, encuentra apoyatura en unos conocimientos que sirven de base a su valor. Convino con el toro en que perder el tiempo sólo es vicio imputable a empresarios y periodistas, nunca a los dos únicos y verdaderos protagonistas de este rito. De manera que si el toro demostró que sus únicos arreones los iba a dispensar al hilo de las tablas, al hilo de las tablas Manzanares los canalizaría. Así que allí sacó los colores al ganadero y reventó de excelente estocada a un toro al que, de la plaza, sólo le interesó el Corte Inglés.<br />
En el quinto toro, el más serio por aspecto, más serio aún se mostró su matador, que erigió la faena más plástica de la tarde. Una mano derecha encomiástica y totalizadora no otorgó más horizonte al toro que el que colgaba del estaquillador de su muleta. Para terminar, una vez que la gente había humillado más que el toro, unos adornos a dos manos con la imperfección que otorga el dejarse llevar sin pensar en delicuescencias académicas. Soberbia estocada y merecidísimo y colectivo premio, con el que se extendía autorización para acompañar en la salida a hombros al Juli.<br />
El Juli. ¡Qué barbaridad!. Y todavía hay pigmeos mentales que lo cuestionan. El Juli. El Gallito del siglo XXI. ¡Qué aldabonazo pegó!. ¡Qué golpe de autoridad!. A escasos metros de la puerta grande de Las Ventas, con ese mismo público que parece que en la de Alcalá se endominga y encabrona, aquí de <em>casual</em> y sin más objetivo que disfrutar, experimentó el orgásmico placer de lo bien <em>arrematao</em>, que diría el Gallo.<br />
En su primer toro, una chicuelina, no ya ceñida, sino que mi retina me devuelve en imagen atravesando al torero, evidenció que vino a demostrar quién es el Juli. Un torero tan poderoso y globalizador, que terminó por minimizar al toro, un ente que desapareció ante el inapelable gobierno del torero, hoy por hoy, más grande del panorama.<br />
¿Y en el cuarto?. En el colorado cuarto, una faena tan maciza y tan compacta que <em>tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura</em>. Permíteme, Federico. El Juli dominó la escena, los tiempos y, por supuesto, al toro, con el poder de un chamán. De un rey sabio destronado que clama por su cetro. Porque ese es el Juli. El desterrado rey de esta república bananera, gobernada por empresarios logreros y periodistas prostituídos.<br />
Terminó el festejo y me fui conversando con mis amigos de lo rica en matices que había sido la tarde. La conclusión, evidente. Mi amigo Jorge la glosó con pasmosa sencillez. Una feria que abarque un único fin de semana. Carteles de verdadero interés, no la bazofia de fechas atrás. Entradas a precios populares. Abono económico con regalo de entrada para una novillada matinal conducente a promocionar valores a la espera. ¡Qué pena, Jorge, que no seas empresario taurino!. Aquí seguimos con los codiciosos, cicateros, roñosos y ayunos de entendederas empresarios especuladores. Los mismos que lloran la poca promoción de la Fiesta en reuniones absurdas, autocomplacientes y presuntuosas como esas que organiza el diario <em>El Mundo</em>,  cuando son ellos los que, teniendo la oportunidad de promocionarla, la abortan sistemáticamente. La Fiesta se promociona sola. Basta con que en el ruedo las cosas se desarrollen como se desarrollaron en este festejo y que los <em>sans culottes</em> que bajan del gallinero lo hagan con sus guillotinas.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>LAS AVENTURAS DE VIPO</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Feb 2010 13:18:01 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/vipo2-150x150.jpg" alt="vipo2" width="150" height="150" />Días atrás una, cuando menos, curiosa noticia se constituyó en el foco de atención del mundo taurino. No fue la, en absoluto esperada, reaparición de Jesulín de Ubrique en el Palacio de Vistalegre de Madrid. Tampoco su caída del cartel al conocer la pírrica expectación que su vuelta había generado. Ni mucho menos el deseo de ese pegamantazos de Antonio Barrera por gustarse más (¿más, o algo?),  o esos masajes públicos que se autoaplican morrallas seudo periodísticas como Burladero.com presentando su nueva recua de pesebreros.<br />
No. La noticia era mucho más curiosa que todo eso.</p>
<p>Resulta que el taurinismo está indignado porque el protagonista de una serie de dibujos animados, un vivaracho perrito volador, en su afán pedagógico por dar a conocer a su infantil público las características de los países que sobrevuela con sus desproporcionadas orejotas, al transitar los cirros de ese firmamento de Madrid que extiende pasaporte al Cielo , acude de la mano de su amigo Henry -una cigüeña marisabidilla y relamida- a los Toros.<br />
Antes de desplazarse al coso, Henry cuenta a Vipo los pormenores que rodean al espectáculo de marras. Matiza aspectos tan poco verosímiles como que España era un país plagado de toros a los que antiguamente tenía que combatir la población para mantenerse a salvo. Al llegar a la plaza, una especie de remedo entre el Coliseo de Roma y la plaza de Toros de Valencia, observan cómo sobresale la cola del toro Billy de una jaula a pie de calle. Hasta allí se desplazan para conocer de cerca al bendito animal. Cuando le preguntan que porqué va a pelear con el matador, el toro se sorprende haciéndoles ver que debajo de su fiera carcasa no habita sino el pastueño deseo de colocarse un distintivo similar a aquel que mostraran esos desocupados cómicos que años atrás perpetraron la presentación de los premios Goya: &#8220;<em>No a la guerra</em>&#8220;.  No obstante, abrirse el toril, aparecer al fondo un tal Fernando agitando una muleta a modo de capote, e irse como una exhalación a por él, Billy, fue todo uno. La cigüeña le hace ver a nuestro amiguito Vipo que el color rojo vuelve locos a los toros, excitándoles de modo que, como por arte de hipnosis, se manipula su voluntad. Naturalmente, esto Vipo no lo puede tolerar. Así pues, de la mano de sus temerarios coleguitas, salta al ruedo para defender a Billy. Allí se suceden extraños capítulos, como el de dos orondos banderilleros echándole arena a los ojos al samaritano burel. Mientras, Fernando el matador, hace permanentes ejercicios de fatuidad poniendo en liza todos los ademanes y aspavientos de los toreros envarados. Con una espada al cinto más propia de <em>Barbarroja</em> que de un matador de toros, termina sosteniendo un duelo con la cigüeña Henry que termina derivando en el ultraje de verse con la taleguilla a la altura de las canillas, en base a un zurcido de la entrometida zancuda.<br />
A todo esto, Billy ha huído con el zascandil Vipo buscando la ansiada libertad de sus pastos, para con posterioridad irse de la pata con una vaca frisona que asistía en barrera al espectáculo.<br />
Absolutamente enternecedor.</p>
<p>Pues resulta que este frágil suceso ha conmovido los resortes del taurineo de cartón piedra. La Mesa del Toro se ha rasgado las vestiduras, ha puesto el grito en el cielo y ha clamado por reunirse con el máximo responsable de Radio Televisión Española, el tal Alberto Oliart, que nada más conocer las inquietudes de esta <em>troupe</em> les ha hecho una pedorreta sostenida que el Director Gerente de la Mesa del Toro, el infatigable Martín Peñato (¿Peñato, o Peñazo?) ha interpretado como inequívoca señal de deseo de entendimiento. Señala el ínclito ganadero y locuaz comentarista que Oliart, aunque no podrá estar en una primera reunión, les ha dicho que enviará a su &#8220;mano derecha&#8221;, es decir, al portero de su finca. Hecho este, que parece haber dejado muy tranquila a la plana mayor de la Mesa. Esos abnegados y tenaces representantes del mundo taurino.<br />
Y yo me pregunto, ¿alguien cree que un tipo elegido a dedo, como el tal Oliart, sin más objetivo que el de pintar la mona en base a las indicaciones que reciba desde Moncloa, va a tomarse en serio a este hato de zampabollos con perfil de provincianos en demanda de la pensión en que dejar su maleta de cartón con la &#8220;Chivi&#8221; y dos gallinas?. Irán allí, les sacarán los canapés sobrantes de la reunión con los sindicatos del día anterior, se harán una foto con ellos, les darán una palmada en la espalda y &#8220;<em>¡hala!. No preocuparse, que en cuanto pueda os miro lo vuestro</em>&#8220;.<br />
¿Pero a quién pretenden engañar?. La Mesa del Toro y ANOET no tienen cojones para dar un puñetazo encima de la mesa. La mesa de verdad. La de caoba en que especulan con el dinero de todos los españoles los buhoneros de la moral, los chamanes de la opinión pública, los administradores del erario ajeno. La Mesa, la de mentira, la del Toro, como ANOET, no son sino los instalados que dependen de las administraciones, a quienes no levantan la voz para seguir gozando de prebendas.<br />
Así que no nos cuenten historias tan poco creíbles, tan torticeras, tan sesgadas, tan ayunas de armazón como las que nos cuenta el perrito Vipo, porque &#8220;su público&#8221; ya no tiene ni tres, ni cinco años.<br />
No me cansaré de repetirlo.  Con esta caterva de estómagos agradecidos que tiene el Toro por representantes, este espectáculo permanecerá varado eternamente. Mientras, los alrededores de esta liturgia, ese público pastueño y lanar seguirá la senda que marcan estos cabestros de estruendoso y poco efectivo cencerro.<br />
Lo del perrito Vipo es un pueril estigma de que hay quien tiene deseos de dinamitar desde su base cualquier tentativa de afición. De que hay una guerra encubierta de la que sólo los tontos no se han enterado. Una guerra a la que sólo podremos enfrentarnos después de haber liquidado a toda la basura institucional que corroe los cimientos del Toro (empresarios, periodistas y adosados). Y Vipo es un contendiente frágil. Pero, o se reacciona a tiempo, o llegará el día en que la factoría Disney, cree su héroe. Y este no será un torero. Será un toro, víctima de extorsiones y de ese cruel deseo de los españoles de torturar y dar muerte a un pobre animal. Y con Walt Disney, en calidad de Lanzelot, las posibilidades de victoria serán exiguas. Y de seguir las cosas así, nos pillarán en paños menores, la casa sin barrer y con una inevitable cara de gilipollas.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>LA COLMENA</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 11:15:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[A pesar del tenaz frío que pende de un invierno cruel y fluctuante, las plazas de toros de Madrid han comenzado su cíclica actividad de polvo y ruido. El empresariado taurino, astroso ejemplo de lo montaraz e inconmovible, ha movido sus peones en tributo a su cartera. De sobra conocida es la adocenada y pedestre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/colmena2-150x150.jpg" alt="colmena2" width="150" height="150" />A pesar del tenaz frío que pende de un invierno cruel y fluctuante, las plazas de toros de Madrid han comenzado su cíclica actividad de polvo y ruido. El empresariado taurino, astroso ejemplo de lo montaraz e inconmovible, ha movido sus peones en tributo a su cartera. De sobra conocida es la adocenada y pedestre imaginación de este sector a la hora de hacer atractiva su mercancía. No obstante, celosos oteadores de su negocio han puesto en funcionamiento el cangilón de sus torpes devanaderas para armar sus mostradores.<br />
La Feria de Ajalvir es una patochada con cargo a esa vaciedad de querer constituirse en la primera romería del año. Es un muestrario de prendas de invierno, a cual más periclitada y hortera. Carteles garabateados con el nombre de  toreros indigentes bajo el sórdido, estático y grueso pincel de López Canito.<br />
Por su parte, Valdemorillo es un cenagal de frío y pelotazo. El sucio ladrillo de los San Román, sobre el que ha tomado forma una candelaria que se antoja exigua intercesora para tanto desalmado, eleva hacia lo alto la cubierta que resguarda del frío invernal, pero no del frío emocional.<br />
Se suma ahora a estos dos despropósitos ese supermercado de espectáculos por definir que es la plaza de toros de Vistalegre. La de Carabanchel. Ese Corte Inglés subterráneo de vocación castiza que, con gorrilla de cuadros, ha venido a dar tormento al pequeño comercio de la zona. Ese pabellón de eco y luz malparida. Esa estepa de un verde enfermo en sus plegados asientos vacíos.<br />
Hasta allí han llegado los tentáculos de los Choperitas. Los actuales proxenetas de Las Ventas, que también han querido ponerle minifalda a la carabanchelera hermana menor de la que dicen primera plaza de toros del mundo. Le han pintado un lunar en la comisura de los labios y la han pretendido aderezar, por medio de torpes afeites, de una modernidad que hiede a convencional. Un autobús, cuya estética sólo podría competir con Paco Clavel se pasea por Madrid pregonando la Feria de Invierno, la mentecatez del empresariado taurino, el mal gusto de lo zafio y las tragaderas cañí de unas instituciones que, mientras les unten con lo suyo, no ponen reparos al cómo de la venta. A ello se le suma un spot publicitario cutre y residual que no viene sino a ahondar aún más en el pintoresquismo grosero de un colectivo reincidente y ordinario. Mientras, si usted pretende sacar las entradas a través de El Corte Inglés, al excesivo precio de la localidad por la que opte, le sumarán un canon fijo en concepto de peaje -o impuesto revolucionario- de un euro con setenta y cinco céntimos. ¡Viva la <em>moernidad</em>!.<br />
Pues estos son los primeros panales de esa manida colmena en la que hierve de movimiento el centón de insectos que pueblan este universo de miel&#8230; Y como en toda colmena, puede observarse perfectamente el núcleo de sus habitantes. Las abejas obreras, esas que con denodado esfuerzo sacan adelante el producto que le da sentido a su vida. Ganaderos abnegados, prendados del hilo vocacional sobre el que hace equilibrio su apellido. Hombres a mitad de camino entre el asfalto y el polvo de los caminos que llevan a sus cercados. Esos vallados circundados entre el húmedo mugido de esos colosos de frente astada y el metálico batir de los cencerros.<br />
Abejas obreras también, los toreros que dedican el núcleo de su alma a una preparación entre testigos silentes. Encinares y dehesas que tanto saben del ejercício al aire libre y del toreo de salón, antesala alquímica de una práctica profiláctica para perfeccionar ese otro momento en el que no cabe más alternativa que la cópula a pelo. Todos los que son figuras del Toreo viven ese ambiente de lejanía y silencio en el prólogo de una nueva campaña.<br />
Y obreras también, esos amplísimos sectores de público que sufraga el espectáculo a cuenta de lo entreverado de su afición y su capital. Iniciados y novicios que con entusiasta fe pueblan los tendidos buscando el solaz de un teorema filosófico que colma sus aspiraciones lúdicas.<br />
Pero pueblan la colmena también otro estereotipo de abejas. Proliferan los zánganos. Esos insectos que no sirven sino para dar placer a la abeja reina. Los sicarios que defienden con enardecido celo la siempre dudosa gestión de la misma. Periodistas bacinillas incapaces de destapar los turbios asuntos que empobrecen la colmena. Menestrales del lugar común y el tópico. Aguados, Villasusos, Zabalas, Arévalos, Molés, Moncholis y demás zupia que contribuyen a dar calor a la reina, así como a enflaquecer la salud de una colmena en beneficio de su mendigado estatus.<br />
Asociaciones del todo para nada, como la Mesa del Toro y demás sedimentos expertos en canapés gratis y barra libre. Seudo aficionados con trabajado perfil de exigentes que, sin embargo, acuden con alacre empeño a cualquier llamamiento de la abeja reina. Figurantes con aspiraciones a quienes pierden micrófonos y prebendas.<br />
Zánganos también los ganaderos complacientes y los toreros inertes.<br />
Y, por supuesto, la abeja reina. Los empresarios logreros e instalados. Esas familias con aire de cacicazgo decimonónico. La punta de lanza de un hampa consentida que extiende su red de poder a todos los estratos del espectáculo. Regentan plazas, ostentan divisas y representan a toreros. Se cuidan muy mucho de dominar todos los campos que abarca su negocio. Se dejan cubrir por los zánganos a quienes aleccionan para que cumplan la misión que ellos no pueden ceñir. Les tienen a su servicio, conscientes como son de que son ellos quienes provocan que el que se mueva no salga en la foto. Lozanos, Choperas, y demás limo que amordaza el espectáculo impidiéndole el desarrollo que le permitiría adaptarse a unos nuevos tiempos y unos nuevos usos.<br />
Bien, pues esta colmena no es sino la cosmogonía de una liturgia espectral. La deformación de una belleza ajada. El callejón del gato donde los espejos cóncavos y convexos arrojan una imagen grotesca y esperpéntica de una verdad aherrojada.<br />
Los Toros viven el drama de continuar representando esa España de Frascuelo y María, de gasógeno y pan de higo, de lampantes y pelotas, políticos y constructores. Esa piel de toro agonizante, incapaz de cercenar sus viejos lastres.<br />
Recientemente ha fallecido quien fuera un pésimo y dañino aficionado. Un tal Salva, orondo y desvergonzado que trató de reventar sistemáticamente los festejos de postín de Las Ventas. Un tipo que logró formar una ganadería, nadie sabe cómo. Bueno, alguien sí lo sabrá. Un tipo al que yo ví acceder al despacho de los Lozano con la frescura de quien lo habita. Trágico es que alguien fallezca en la madurez de su juventud, pero tan dramático acontecer no puede empañar una verdad objetiva. Era grosero y displicente. Sin embargo, notas de prensa y un silencio colectivo orlan sus exequias. Eso me recuerda la frase de un amigo reciente y felizmente recuperado que, caminando por el parque del Oeste de Madrid, al llegar a la altura de la estatua que homenajea a Simón Bolivar me dijo: &#8220;España es el único país que levanta monumentos a sus traidores&#8221;. Pues eso.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>LA PERIODÍSTICA GENERACIÓN JAST</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 15:48:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Vendedores que no venden, entendidos que no entienden, mercaderes de tercera, registro civil de los cualquiera.
Así son estos cobistas, marrajos y mendicantes. Especialistas del trasunto, mercachifles de la pose y estibadores de morralla. Supervivientes capaces de agarrarse al clavo ardiendo. Taimados trujamanes al acecho de la oportunidad que les otorgue la ansiada prebenda de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/jast1-150x150.jpg" alt="jast1" width="150" height="150" />Vendedores que no venden, entendidos que no entienden, mercaderes de tercera, registro civil de los cualquiera.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Así son estos cobistas, marrajos y mendicantes. Especialistas del trasunto, mercachifles de la pose y estibadores de morralla. Supervivientes capaces de agarrarse al clavo ardiendo. Taimados trujamanes al acecho de la oportunidad que les otorgue la ansiada prebenda de una tribuna desde la que eructar su mayúscula mediocridad.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">En un espacio como el taurino, donde la poesía languidece en el crepúsculo de esa hora incierta en que se funde lo enigmático de la naturaleza con lo trascendente del hombre, una recua de tratantes extiende su mostrador de baratijas. Como esos chamarileros que se apostan a las puertas de los grandes monumentos para vender el insignificante cargamento de bagatelas que pretenden emular la obra en que se inspiran, así estos charlatanes aspiran a revestir de grandilocuencia sus huecos discursos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Viven del Toro como el parásito de los cuerpos infectados. Y es que el periodismo ha perdido su excelencia. Y muy especialmente el periodismo taurino.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Han arribado a este puerto de óxido una traílla de ganapanes que en la medra particular han consignado el principal y mayor de sus objetivos. Un centón de haraganes que del trabajo sólo conocen referencias. Una piara de instalados sin empacho para glosar las más que cuestionables virtudes de su jefe de redacción, director, o presidente. Unos holgazanes abstemios de responsabilidad en cuyo desencuadernado glosario vital no hay espacio para capítulos con títulos como dignidad.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Algunos llevan instalados varios años. Van de sonrisa en abrazo, de enfáticos saludos en altisonantes parabienes, de palmoteo en la espalda a enérgico apretón de manos. Viven. Superviven. Sobreviven. Hoy le hacen la rosca al baranda de turno. Mañana le ríen la gracia al tonto del culo de ocasión. Viven. Superviven. Sobreviven.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Permanecen “en el sitio” “en voz baja”. El sitio del que nunca se fueron. Ese lugar desde el que subastaron su pírrico concepto del decoro, desde el que malvendieron su inane sentido de la honorabilidad, desde el que suplantaron cualquier leve tentativa de aseo. Y, por supuesto, en voz baja. Sin hacer mucho ruido. El suficiente como parecer interesantes y el insuficiente como para resultar insobornables.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Son los especialistas en la lapidación por control remoto. Aquellos que lanzan la piedra para, inmediatamente después, esconder la mano. Los que se llenan la boca de términos como compromiso, pureza, verdad, y tanto y tan prostituído lugar común, que vocablos como esos hoy sólo contribuyen a encender sospechas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">La diferencia entre esos pelanas y los que realmente consideran nauseabundo el ambiente en que se desarrolla esta milenaria liturgia es que, mientras los primeros juegan al nombro y omito sin nombrar,<span> </span>los segundos no muestran empacho alguno en poner nombre y apellidos a las enfermedades de que hay que protegerse. Sólo un correcto diagnóstico contribuye a paliar una patología.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Así pues, conviene vacunarse antes de leer la podredumbre que venga firmada por Paco Aguado, Carlos Ruiz Villasuso, y algún que otro frescales por el estilo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Pero el problema hoy se ha duplicado, porque a estos sablistas de medios les secunda un rebaño de pelotas cuyo principal objetivo es convertirse en uno de ellos. Internet, que ha contribuído y contribuye a espulgar tanto detrito en derredor del Toro, es también el trampolín desde el que una serie de zánganos hacen ejercicios de vulgaridad para ser como Aguado y Ruiz. Cuántas páginas electrónicas taurinas no glosan loas de alabanza al comprometido código deontológico de estos periodistas de raza. De pura raza. Tipos que se jactan de llevar veintidós años viviendo del paripé. Que no saben lo que es el periodismo en su acepción más básica. Que no han hecho nada para hacerse acreedores de respeto. Tipos como ese Aguado, que pretende aderezar de ironía la cobardía de no citar a Andrés Amorós cuando en “su sitio” -ese que habrá mendigado a aquel Moncholi que tanto llegó a despreciar-, dice que en algunas tribunas taurinas parece haber entrado en vigor la nueva ley de pensiones de Zapatero. Está claro que este Aguado no ha reparado en que la ironía es una de las formas de la inteligencia y como tal, sin inteligencia no hay ironía. Todo lo más retruécanos grotescos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Pues estos son la punta de lanza de la generación en agraz. De esa generación JAST. Jóvenes aunque sobradamente trepas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span> </span><em>Francisco Callejo</em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
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		<title>LA VIDA A TRAVÉS DEL OBJETIVO</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 17:21:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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		<description><![CDATA[Sus ojos, cansados de mirar, se van hundiendo paulatinamente en sus cuencas. Aquella mirada curiosa y jovial, esa sobre la que tomaron forma los grandes mitos de la mitad de aquel siglo XX, violento y áspero,  ha terminado dando paso al hastío de lo que aún queda por ver.
Hoy, Paco Cano recoge la antañona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/cano-150x150.jpg" alt="cano" width="150" height="150" />Sus ojos, cansados de mirar, se van hundiendo paulatinamente en sus cuencas. Aquella mirada curiosa y jovial, esa sobre la que tomaron forma los grandes mitos de la mitad de aquel siglo XX, violento y áspero,  ha terminado dando paso al hastío de lo que aún queda por ver.<br />
Hoy, Paco Cano recoge la antañona siembra de años por esas plazas de Dios. Recolecta premios, no tanto a lo afinado de su objetivo, como a lo oportuno del mismo. Tal vez, del mismo modo que se torea como se es, se fotografía también como se es. Y dado que Cano es ágil, pertinente y puntual, su fotografía levanta acta de ese mismo carácter. A través de sus imágenes no vamos a ver el momento mágico de conjunciones que arrojan a la luz ese instante de eternidad sobre el que extiende su rail de magnificencia el Arte. Su objetivo pocas veces ha captado lo fugitivo. Aquello que según Quevedo, permanece y dura. Pero como su constancia es inquebrantable, inevitablemente alguna hada ha terminado cayendo en la trampa de su obturador. Existe una fotografía realizada por Cano a Manolete en el campo salmantino, en la que el Monstruo está dando a luz una media verónica a una vaca que gira en derredor de la sombra hierática y suntuosa del torero. Se trata de ese instante fugaz y pleno en que del diestro sólo se vislumbra su silueta, macerada en una penumbra que de él sólo muestra la honda personalidad de su facción y su gesto, mientras su media verónica, lánguida y claudicante, precipita llena de poder y mando al animal hacia el espacio de luz que contribuye a hacer más hondo el contraste.<br />
Otra fotografía realizada a Manolete, en la plaza de toros de Badajoz, en la que el Rey de los toreros aparece instrumentando un ayudado por bajo al toro, se constituye en la cumbre artística de Cano. Resulta curioso que sus máximos logros hayan sido con Manolete de por medio. Creo que ello invita a pensar que el verdadero mérito partía más del torero que del fotógrafo. No obstante Cano, al igual que Picasso y Cela, ha contribuído a engordar el escepticismo acerca de su numen desde aquella vieja máxima que sostiene que si llega la inspiración te encuentre trabajando. Este y no otro es el secreto de Cano. Mucho mejores fotógrafos que él han sido desde Baldomero a Lara, casi todos sus coetáneos, pero ninguno tenía su tenacidad y su capacidad productiva. Su trampolín definitivo para hacerse un hueco en el mundo de la fotografía taurina fue el que le brindó el azar aquella aciaga tarde de agosto de 1947, cuando el destino guió sus pasos a Linares. De sopetón se encontró con la gran tragedia que convulsionó a aquella España trasegadora de achicoria y pan de higo. Ser el único reportero gráfico que pudo plasmar en su objetivo los dramáticos instantes que precedieron a la muerte de Manolete le otorgó una credencial vitalicia.<br />
A partir de ahí, Cano se hace un hueco en la élite taurina permitiéndosele alternar con los más renombrados matadores de la España desarrollista. Esa a la que acudía Ava Gardner para zambullirse en el pintoresquismo de un país que nada tenía que ver con la fatua Nueva York. Hemingway, Orson Welles, Gary Cooper, Bing Crosby y Charlton Heston, sonreían al diafragma de la cámara de Cano, haciendo más notoria la diminuta talla del fotógrafo, que desde el relajo de estos grandes personajes, apretaba el gatillo de su objetivo inmortalizando la humanidad de los dioses del celuloide.<br />
El tan citado baúl de la Piquer no ha viajado tanto como Canito por esas plazas ahítas de polvo y gritos, donde todos los años pasea su minúscula persona distintos modelos de cámaras fotográficas que cuelga de su cuello como medallas olímpicas. Su gorra blanca y sus camisolas anchas plagadas de bolsillos, contribuyen a realzar la solera de las ferias reincidentes. Con Cano pasa algo similar a lo que sucede con el director de la banda de música de la Plaza de Toros de Madrid, don Lorenzo Castuera. Que ambos son dos pésimos intérpretes de su oficio, pero su buen carácter y su entusiasmo vienen a paliar las notables deficiencias con que, sin pretenderlo, agreden al buen gusto y añaden costumbrismo a las afueras de esta liturgia.</p>
<p>Recientemente, Canito ha sido premiado por el Circulo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida junto al más que cargante Andrés Amorós, por ese libro que conjuntamente firman como &#8220;Mitos de Cano&#8221; y cuyo único mérito es el trabajo de años del fotógrafo y la imagen que glosa su portada, donde una bellísima Ava Gardner redime la cuestionable capacidad del retratista. Al teatro Muñoz Seca donde tuvo lugar la entrega del premio, ramplón vestigio de las artes escénicas con cierto hedor a derechismo en conserva, concurrió un pírrico número de personas para padecer los discursos de su plana mayor antes de otorgar el galardón. Especialmente insufrible el de ese abrumador pelma en agraz que es Javier Hurtado. Menos lesivos los demás, aunque todos imbuídos de un estigma soterrado de conservadurismo rancio.  Y tras los lugares comunes en que todos vinieron a incurrir, las cansadas palabras de un fotógrafo de vuelta que reivindicó su ascendente torero dejando patente que, muchas veces, al mito lo crean las circunstancias.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>EL REPELENTE NIÑO VICENTE</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jan 2010 17:17:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Es engreído y fatuo. Sostiene sobre su blanda morfología la cartilaginosa endeblez de los abstemios al ejercício físico. Vanidoso y soberbio, tiende a inocular a través de sus pataletas de niño bien todo el veneno clasista de los burgueses menesterosos. Es, en definitiva, un pijo venido a menos.
Entre las pocas alternativas que me concedo para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/tontito1-150x150.jpg" alt="tontito1" width="150" height="150" />Es engreído y fatuo. Sostiene sobre su blanda morfología la cartilaginosa endeblez de los abstemios al ejercício físico. Vanidoso y soberbio, tiende a inocular a través de sus pataletas de niño bien todo el veneno clasista de los burgueses menesterosos. Es, en definitiva, un pijo venido a menos.<br />
Entre las pocas alternativas que me concedo para perder el tiempo, la que observo como más vituperable es la de deambular por la anoréxica sintaxis de los escritos que el sujeto de marras se permite colgar de su página web. Esa masturbación pública en que incurre Vicentito y sufraga Iberdrola. Provoca vergüenza ajena leer lo tullido de párrafos en los que el plumilla por accidente pretende realizar ejercicios de estilo. Si a eso le añadimos el narcisismo rampante de ese corolario de naderías y vaciedades de que levanta acta a cada punto y aparte, convendremos que estamos en presencia de un sujeto con acentuadas carencias.<br />
¿Y las fotografías?. ¿Ha visto usted ese ajado album de recursos?. Eso de tratar de darse un baño de envanecimiento a costa de la popularidad ajena, ¿ no es lo propio de inseguros, cuando no de inmaduros?.<br />
Un caso perdido el de este pobre muchacho.<br />
Resulta ahora que el diario<em> El Mundo</em>, en esa especie de cruzada que se ha arrogado con objeto de revestir de españolidad la hortera estética de que es tan capaz su director, considera dotar de mayor presencia la información taurina en el amarillista libelo. Y para ello no han considerado mayor ocurrencia que la de &#8220;fichar&#8221; al ínclito Vicentito. Imagínese la cantidad de sapos que se ha tenido que tragar alguien para que el aburguesado juntaletras acceda a la redacción de Pedro José Ramírez Codina. Y es que el día que este país pueda presumir de periodistas que puedan ser tildados de tal, conoceremos los aspectos de la bajo cuerda que hacen tan nauseabundo el ambiente en que retozan todos estos sicarios de la actualidad a la carta.<br />
Curiosamente, Vicentito ha divulgado su incorporación a la cuadra de Ramírez como un logro profesional, cuando existen encendidas sospechas de que ABC tuviera algo más que ganas de deshacerse de este impedido intelectual. El contencioso que ha provocado y, finalmente, padecido con el Círculo de Amigos de la Dinastía Bienvenida, le ha dejado con las nalgas al aire. Esas nalgas que tanto gusta de  airear. No hay más que leer alguna de sus tristes redacciones para observar que finalmente todo vienen a ser culos, posaderas, ortos, bullarengues y anos.<br />
Es el más esclarecido exponente del ir a por lana y salir trasquilado. A veces inspira la conmiseración de esos villanos de cómic que terminan apaleados a cada refriega en que concurren. Ya le han medido las costillas del ego desde distintas tribunas, pero como es muy torpe y muy soberbio, pues no aprende.<br />
El escrito que le dirigió Juan Lamarca a colación de sus arreones hacia los adentros es como para desaparecer de España y no volver jamás. Pero como además de pocas luces no tiene sentido de la dignidad pues hay sigue, sacando la cabeza del agua para seguir nadando a favor de corriente.<br />
No obstante, este pilarista demagogo e hinchado se ha hecho amigo de los pelanas del barrio. De esos quitameriendas con elevadas aspiraciones. Proliferan en ese pasquín caduco de 6toros6 muestras de apoyo al fachendoso amanuense, desde el inane Alfonso Santiago, hasta el pelagatos de José Carlos Arévalo, que ya se preocupa el desplazado Zabala de publicar. Me inspira la misma sensación que la de ese compungido niño de posibles que no tiene amiguitos y se le terminan arrimando los parias de la clase en demanda de las migas sobrantes del bocadillo que le prepara su asistenta.<br />
Ayer llamaba maestro a Antonio Burgos y hoy, después del vacío que le hace a su padre y a él el malencarado columnista sevillano en uno de sus envenenados artículos omitiendo intencionadamente (y con razón) el periodo cubierto por los Zabala en el ABC, frunce el ceño y le llama hiena. Convendría decirle a Zabalita que, como inquirió Caracol el del bulto al tren cuando llegado a la estación pegó su bocinazo de vapor y ruido, &#8220;<em>esos cojones, en Despeñaperros</em>&#8220;.<br />
La información taurina es un tumor insignificante, pero con una sorpresiva capacidad de metástasis. Cada redacción parece competir por disponer del mayor número de tontos. Lo lamentable es que mientras todos estos badulaques le hablan al espejito para que este les confirme que son las más bellas del reino, el mundo del Toro cada vez está más desacreditado y más desplazado. Y yo, parafraseando al repelente niño Vicente en uno de sus vomitivos artículos, me pregunto, ¿y de aquí no se va nadie?.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>EL DIVINO CALVO</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Jan 2010 16:54:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/el-gallo-150x150.jpg" alt="el-gallo" width="150" height="150" />Era aún un tierno rapazuelo el siglo XX, aquella tarde en que alternando Rafael el Gallo con Vicente Pastor, había cosechado el primero de ellos una de esas faenas en que la suerte de que más uso hizo fue la de la &#8220;espantá&#8221;. El público de Madrid, haciendo gala de esa frenopática sutileza que de siempre le ha caracterizado, lo quiso devorar. Imáginese el centón de donaires que podían salir de aquellas fauces abigotadas, previo paso por el magín cubierto de hongos y canotiers de la época. El &#8220;zordao romano&#8221;, que fue como el ingenio sevillano motejó a Vicente Pastor, se acercó a Rafael con objeto de consolarle haciendo causa común con él, diciéndole &#8220;<em>Hay que ver, Rafael cómo está el público esta tarde</em>&#8220;. A lo que el inmarcesible artista andaluz contestó: &#8220;<em>Para ti, estupendo. Te los he dejado a todos roncos</em>&#8220;.<br />
Genial.<br />
Y es que ese es el epíteto que de siempre acompañó a Rafael. El de genial. Juan Belmonte acertó de pleno al observar que se torea como se es. Y Rafael, dado que era genial, toreaba genial. Él mismo lo decía al justificar una de sus más que constantes tardes de penumbra, &#8220;<em>los toreros estamos unas veces genial, y otras menos genial</em>&#8220;. Los toreros.<br />
Y es que Rafael tenía muy claro su concepto del Toreo. Hay quien se empeña, con un obstinado afán pedagógico, en pretender crear compartimentos estanco. En ubicar con un punzón en el pecho, como si de una colección de mariposas se tratara, a cada torero dentro de una corriente. Como si los toreros, y más aún los que tienen el don natural del Arte, no pudieran ser permeables a distintas pautas que engrandezcan su patrimonio conceptual. Rafael el Gallo desarrolló su carrera taurina en distintas épocas, y si bien es cierto que guardó soberano respeto por los matices aprendidos de su padre, el señor Fernando, en aquella huerta del Lavadero de la sevillana localidad de Gelves, no es menos cierto que en su sangre fluía también la flema de una raza insumisa por definición, e inadaptada por aspiración. De la <em>señá</em> Gabriela lució el distintivo de una gitanería de cuño aristocrático con el anarquizante perfume de aquel ascendiente que fue Manuel Díaz &#8220;Lavi&#8221;. Un torero capaz de sostener encendidas conversaciones con los toros. Y es que el señuelo gitano, abomina de las escuelas. De este modo, Rafael se sostuvo durante muchos años gracias a ese preclaro concepto que ocultaba la pirotecnia de lo inesperado. Consciente del caudal heredado, no por ello dejó de innovar, de transitar nuevas vías a través de la creación de inéditas suertes tamizadas todas ellas por el sutil secreto en que reposa el toreo eterno. Porque Rafael siempre hizo gala de una cachaza apuntalada por un temple de vocación perenne. Jamás fue brusco con los toros, ni pretendió dirimir diferencias a base de tosquedades como sus coetáneos Bombita y Machaquito. Él jamás incurrió en esfuerzos banales, si de llevar la contraria a un toro se trataba. De ahí que se le designara como un torero anticombativo. Al toro que le observaba química en la mirada no trataba de disuadirle, ni con la donosura del cuidado paño de su muleta, ni con el esforzado afán de un trabajo que él evaluaba de infructuoso.<br />
No obstante, esto no significaba que tuviera bajas las defensas de su orgullo. Con ocasión de los consejos que le dispensaba su hermano menor, Joselito, instándole a retirarse por considerar que deambulaba por la delgadísima línea que separa lo gallardo de lo grotesco, Rafael, le espetó: &#8220;¡<em>Pero qué dices, mamarracho. Has de saber que yo soy mucho mejor torero que tú</em>&#8220;. A Joselito. Ahí es nada. Ni que decir tiene que esa temporada rayó a una altura inimaginable.<br />
Rafael fue un torero a contracorriente. Un hombre que, desde la dúctil peana de su bonhomía, rechazó de forma silente y elegante los postulados concluyentes de una ortodoxia con hedor a rancio. Un torero que en la pira sacrificial se ofrendaba a sí mismo como víctima propiciatoria al dios de la imaginación. El artista consciente de su obra, cuidada desde el prisma que le instaba a buscar nuevas vías de expresión.<br />
Le llamaron el Divino Calvo, pues en su despejada mente bullía un mundo en permanente estado de creación. Sólo su respeto por la liturgia entronca con Lagartijo y con Guerrita, de quienes se aparta conceptualmente para seguir engrandeciendo el Arte del Toreo.<br />
Se distancia de tal modo de ellos, que se constituye en uno de los profetas de Belmonte. Es curioso que este sea un dato en el que muy pocos &#8220;doctores&#8221; taurinos ha reparado. Sólo Hemingway acertó a consignarlo por escrito, &#8220;<em>del mismo modo que Belmonte es el padre del Toreo moderno, Rafael el Gallo es su abuelo</em>&#8220;. Y considero esta afirmación de una certeza incuestionable. Que Antonio Montes, o el Espartero, comenzaran a pisar los terrenos en que edificó Belmonte su herejía, no es suficiente aval como para otorgarles la exclusiva de tener al trianero por epígono. Juan no sólo descubrió un sitio, también abundó en un modo. En una manera. Y esa manera la venía cultivando años atrás Rafael el Gallo. Gaona reconoció que cuando vino a España, mucho antes de que Belmonte tomara la alternativa, en quien se fijaba era en el Gallo, &#8220;<em>que por entonces era el que sabía torear</em>&#8220;.<br />
Y es que, parece pretender germinar una nueva corriente con afán inversor en el dogma de un Rafael el Gallo anquilosado en la tauromaquia denominada clásica. Pues sepan que faltan a la verdad. El Divino Calvo no fue un torero antiguo. Ya Pepe Alameda lo tildó de heterodoxo sin asomo de violencia. Y ahí dio en la clave, porque Rafael fue un heterodoxo. No olvidemos que en todo heterodoxo late el germen de una nueva ortodoxia. La ortodoxia que llegó a la pila bautismal en brazos de Rafael. Hay una fotografía ilustrativa de la modernidad de el Gallo. Se trata de una imagen en la que aparece el sin par torero instrumentando un natural a un berrendo de Concha y Sierra en la plaza de toros de Pamplona. Resulta de una contemporaneidad impresionante.<br />
Rafael se apartó, como ya he señalado de Lagartijo, de Guerrita y del más ilustre heredero de estos dos matadores, como fue su hermano Joselito de quien dijo: <em>&#8220;¿Mi hermano José?. Aquello fue un gigante con una casta torera que no le cabía en el cuerpo. ¡Demasiada casta para poder torear bien!. Porque como era su obsesión dominar y tenía tan enorme poderío, a los cuatro pases ya estaban rotos sus toros. Yo le replicaba siempre, José tú tienes la culpa, porque para torear bien hay que acariciar</em>&#8220;.<br />
Así pues, si pretendemos reivindicar la figura del Divino Calvo, hagámoslo con conocimiento de causa.<br />
A todo lo apuntado no me resta sino añadir que, naturalmente que Curro Romero y Rafael de Paula son consecuencia de Rafael el Gallo. Como todos los pocos toreros geniales que después de él han pisado el ruedo de una plaza de toros.</p>
<p>   <em>Francisco Callejo</em></p>
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