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	<title>La Charpa del Azabache</title>
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	<description>"A la minoría, siempre"  -  Juan Ramón Jiménez</description>
	<pubDate>Mon, 14 May 2012 10:01:11 +0000</pubDate>
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		<title>LA PATAFÍSICA</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 19:54:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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		<description><![CDATA[El ser humano, por sobre absurdo y cobarde, se sustancia en su indisimulado afán de notoriedad.  Del yo soy yo y mi circunstancia sólo interesa cambiar la circunstancia, nunca el yo. Y así nos va.
Acaba de arrancar la lonja de San Isidro y, naturalmente, las primeras catástrofes han venido a estar en consonancia con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/arrabal-150x150.jpg" alt="arrabal" title="arrabal" width="150" height="150" class="left" />El ser humano, por sobre absurdo y cobarde, se sustancia en su indisimulado afán de notoriedad.  Del yo soy yo y mi circunstancia sólo interesa cambiar la circunstancia, nunca el yo. Y así nos va.<br />
Acaba de arrancar la lonja de San Isidro y, naturalmente, las primeras catástrofes han venido a estar en consonancia con lo pírrico de lo ofertado. A misérrimo cartel, paupérrimo balance. Pero no pasa nada. Mañana volverá el personal a poner su generoso nalgatorio a disposición de don José Antonio con objeto de que este se lo vuelva a dejar como calcinada rastrojera, o bebedero de patos. A elegir, que en eso don José Antonio es liberal. Pero ¿y el libre albedrío de que disponemos para gritar a los cuatro vientos que se nos está engañando? ¿Qué, no cuenta? Anda que no se queda ancho ni nada el paisanaje cuando al través de su sombrero de paja, o por entre el ajado telar de un marchitando clavel, rozna sus quejosas protestas hinchándose cual  embuchado palomo (no necesariamente cojo). ¡Qué éxtasis! ¡Qué placer! ¡Tamaña libertad! Con qué arrobo miran los convecinos…</p>
<p>Además, ahora que ese excitado promotor de arte que es el diligente Simón, después de medirle el largo de la bragueta a don José Antonio, ha logrado montar su carpa para el abasto de sutilezas, exquisiteces, arterías y acuidades, sobre todo muchas acuidades, ahora sí que formamos parte de la Europa más sesuda e ilustrada. Esa Europa fenicia a quien Zeus se calzó entre bravata y mugido y que nos ha terminado revelando que la lluvia dorada no es sino una merckeliana procacidad con ruido de euro.<br />
Una carpa que semeja la desfigurada alegría de la del circo Ringling, donde a los elefantes les cabe el consuelo de haber abandonado Botsuana, aun a pesar de tener que someterse a todo ese claustral de piruetas, cabriolas, contorsiones y gollerías de toda laya. El circo de la tapa y el mojito, el hemiciclo del abrazo y la conspiración, el estrado del pinto, luego existo. La feria de las vanidades, vaya.<br />
Y como maestro de ceremonias, qué mejor que ese hombre (o lo que fuere) transustanciado en atrio y gafas a media asta. El edecán del fastidio y la tabarra, el adjunto del tantrismo y las subordinadas, el maestresala del si hay un intelectual, ese soy yo. Un Dragó (o lo que fuere) acompañado, como no podía ser de otra manera, por toda esa camarilla de conmilitones que le actúan de palmeros y clones. Y entre los más descollantes y excéntricos, nadie mejor que ese Arrabal que sigue viviendo de una borrachera televisada en directo para toda España y de un milenarismo temulento, empajaritado y miope. Allá que fue embutido en funda de piano de cola, batín de prostíbulo parisino, o kimono de samurái cesante. A saber. Y nos habló de Toros. O eso dice alguno que andaba por allí al rebufo de copas expósitas y  estudiantes complacientes. Con lo que un servidor se quedó fue con la Patafísica. Esa corriente bastardeada del Surrealismo en que la regla se trasviste de excepción. ¡Ay el Surrealismo!<br />
Juan Ramón lo vio mejor que nadie cuando tras la execrable, nauseabunda y abyecta carta que le enviaron Buñuel y Dalí criticando a su <em>Platero</em>, contestó el genial poeta de Moguer que estaba de acuerdo con ellos a pesar de que fuera de lo mejor que se había escrito jamás en lengua española “según el decir de los críticos de ambos sexos y del otro sexo de ustedes”.<br />
En cualquier caso, con los años a Arrabal se le ha mudado el gesto en como de fauno al acecho de tocarle la flauta de Pan a cualquier periodista con rasgos orientales que se le arrime, porque en eso de arrimar, el Surrealismo es gente. A pesar de toda esa supuesta catarata inventivo creacionista, los afines a esta corriente no son sino bienmandados que a la hora de plegarse a la rectitud de la derechona más rampante y enjuta son los primeros en mostrar prietas las filas, no tanto el orto (volvemos, pues, al bebedero de patos). Así Dalí, que decía que Picasso era comunista y él tampoco. Así Arrabal, que va de iluminado pero que de descuidarse Usun Yoon, podría la simpática comunicadora correr el riesgo de ver que a la hora de perpetuarse, el Surrealismo - como el jadear de a pie-, no conoce más procedimiento que el del aquí te pillo, aquí te mato.<br />
Para que luego digan eso de que los Toros no tienen color político. Que quizá sea cierto, pero no así su <em>establishment</em>. De lo contrario, venga usted a explicarme entonces por qué en la inauguración del chiringuito de Casas no faltaron los Wert, las Aguirre, las Botella/s (de toda especie), los Dragó, los Vargas Llosa y resto de etcéteras. Explíqueme, de igual modo, por qué el Ayuntamiento de Valladolid subvenciona, no una corrida de toros, sino a una empresa privada, responsable de la organización de esa corrida de toros. O por qué Canal Plus sigue vendiendo la lonja de San Isidro como la feria inefable y categórica que no es. Y no se me despiste. Usted sabe, como yo, que estos de Prisa no son sino la derecha ecuménica, menos rezadora que la ortodoxa, pero igualmente católica. </p>
<p>Quizá la respuesta esté en la Patafísica. La presumible excepción que, al final, no es sino la misma regla pero vista con las espirituosas, ditirámbicas y supuestamente asexuadas gafas de Fernando Arrabal. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em><br />
@francallejo</p>
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		<title>NO EN SU NOMBRE</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 16:52:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos procelosos tiempos, tan hedonistas como simplones, en los que la heroicidad no pasa de ser una de las asignaturas optativas con la que obtener muy pocos créditos, el recuerdo de mártires y supliciados se constituye en el fastidioso día en que políticos y adyacentes se ven en la obligación de poner la voz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/el-pueblo-150x150.jpg" alt="el-pueblo" title="el-pueblo" width="150" height="150" class="left" />En estos procelosos tiempos, tan hedonistas como simplones, en los que la heroicidad no pasa de ser una de las asignaturas optativas con la que obtener muy pocos créditos, el recuerdo de mártires y supliciados se constituye en el fastidioso día en que políticos y adyacentes se ven en la obligación de poner la voz así como de latoso notario de provincias para glosar la epopeya de aquellos ejemplos de civismo y filantropía. Días en que las coronas de flores y las prietas filas de algún despistado cuerpo del ejército, disfrazado como para asistir a una fiesta impulsada por la marquesa de la Vega de Anzo, orlan el mayeante ambiente de un Madrid abigarrado, resumido, amanerado y expósito. Son días en los que la gobernanta de esta maltrecha y engolfada Comunidad saca a pasear una bandera con la que azuzar la tediosa pendencia de un nacionalismo refractario y clasista, linajudo y oxidado, carcomido y trepa. Todo lo contrario de lo que se calcina y malversa en la propia amnesia del 2 de mayo.<br />
Aquel día de 1808 fue el único en que el pueblo se erigió en auténtico y real soberano para contravenir las órdenes de toda esa piara de sumisos mandatarios y amansados ministrables que le cambiaban el agua de la jofaina a los generales de Napoleón. Aquellos que murieron con un grito de rabia en la garganta y que no eran sino tenderos, costureras, represaliados y algún militar con veraz y genuino sentido del deber.  El equivalente al  que los gerifaltes de hoy vuelven la espalda y manda a la cola del paro mientras prenden medallas y depositan crisantemos en nombre de quienes, si no cubrieran varias fanegas de tierra y doscientos años de olvido en papel de regalo sus lacerados huesos, les volverían a escupir a la cara. Porque lo que se nos ha olvidado ¡ay cruel memoria selectiva! es que el 2 de mayo celebra a un pueblo sin más bagaje que el de la sangre hirviendo y un crujido de navaja a cuyo filo rutilaba el sentido de la dignidad y del deber. </p>
<p>Hoy al pueblo, que en nada se parece a aquel Madrid rompeolas de todas las Españas, se le permite envilecerse en su cada vez más labrada ignorancia para celebrar el dos de mayo sin más aparato que el mismo a emplear para un quince de agosto, o un catorce de febrero.<br />
Es más, se proyecta una nauseabunda corrida de toros para conmemorar, dicen, la honrosa epopeya, en cuyo cartel se dan cita tres del montón en terna a dirimir un encierro cuarteado, sobrante y grandón. Es tan paupérrima la entrada que registra la tarde en tan señalada fecha, que ni las sandeces y necedades de que es tan capaz el comentarista de los toros en Telemadrid, acierta a ponerle paño caliente a tan manifiesta e indisimulable herida. Por no ir a los Toros, no van ni la corregidora, ni la gobernanta, tan ocupadas como estarán en emplear el vehículo público que sufraga ese pueblo al que desprecian para recorrer la milla de oro.<br />
El Fundi, que está de retirada, actúa como el global de españoles próximos a la jubilación: contando los días. Echa las tres cartas, pero tan mal que ni de arrastre se lleva las diez de monte. Sergio Aguilar, que es algo así como un José Tomás anémico y desangelado, mata a sus dos toros rápido y enérgico. Con ese vigor de que es tan capaz el español medio cuando llega la hora de marcharse del trabajo para tomar unas cañas y no está pendiente sino de que se le caiga el bolígrafo. Y Morenito de Aranda, aparte el atuendo de arlequín con el que demostró su ausencia de embarazo, puso en liza todos eses jeribeques con los que tan poco glorifica la tierra que le vio nacer. Ese Burgos claustral y rezador, endémico y aburrido que tan malas plumas brinda al orbe y temperaturas a la vecindad. Un coñazo, vaya.<br />
Del encierro que mandaron los deudores de aquel viejo Lisardo, mejor ni hablar, ni escribir. Corridas como esta otorgan más razones para abolir el espectáculo que para defenderlo.<br />
Felicitaciones, pues, para ese Centro de Asuntos Taurinos que tan bien sabe bailar el agua a quien corresponde bailársela no molestando con la confección de carteles que podrían resultar interesantes. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Confeccione usted un cartel interesante y corre el riesgo de que se le llene la plaza. ¡Menudo follón! Tener que quedarte hablando de Toros en el patio del desolladero cuando está el Real Madrid a punto de ganar la Liga (aunque sea de aquella manera) y hay que felicitar a ese prohombre que es Flo. Pérez, no Fernández, que aunque pocas, alguna diferencia hay. </p>
<p>Así que nada, oligárquicos déspotas de estos tiempos. Si queréis pintar la mona con toda esa vulgar iconografía con que acostumbráis a profanar símbolos, hacedlo. Pero ni con nuestro dinero, ni en su nombre.</p>
<p><em>Francisco Callejo </em><br />
@francallejo</p>
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		<title>EL JULI, NOQUEADO</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 19:46:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[En una sociedad pancista, rezadora y aparente como esta que padecemos que alguien sea capaz de alzar la voz y arrogarse una responsabilidad susceptible de indisponerle con los fatuos y omniscientes administradores del cotarro y sus ungüentos es señalado afán de heroicidad. Eso, o bendita candidez.
Se me viene a la cabeza el Juli como principal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/noqueado-150x150.jpg" alt="noqueado" title="noqueado" width="150" height="150" class="left" />En una sociedad pancista, rezadora y aparente como esta que padecemos que alguien sea capaz de alzar la voz y arrogarse una responsabilidad susceptible de indisponerle con los fatuos y omniscientes administradores del cotarro y sus ungüentos es señalado afán de heroicidad. Eso, o bendita candidez.<br />
Se me viene a la cabeza el Juli como principal exponente de uno u otro pormenor. Adivino en el lúcido y competente torero el inmaculado e ingenuo deseo de mejorar la imagen y situación de ese astroso colectivo que fuera de ruedos y discotecas apenas sabe sostener su agnusdéi.<br />
Tengo la casi total convicción de que cuando el joven maestro (este sí lo es, no así el esforzado Lalanda) pretendió medir la hechura de la camisa en que se metía, lo último en que reparó es que era prenda de once varas. Circunstancia esta que no hablaría muy bien de lo poco despejado de la mente de sus asesores y próximos, así como de su aún no sacudido candor.<br />
Si algo necesitaba la hermandad de grandes empresarios del negocio taurino era un chivo expiatorio metido en arrobas sobre el que descargar el impenitente peso de la crisis. Y el Juli se puso a tiro.<br />
Lo que están haciendo con él es de una vileza sólo al alcance de toda esa piara de mercachifles. Es tal y tan obsceno el linchamiento que cada vez que leo, escucho, o veo al matador haciendo  declaraciones se me representa la imagen de Rocky Marciano noqueado, ajeno y evasivo, incapaz de encontrar su rincón en el ring.<br />
Sospecho que el Juli transita la delusiva vereda de quien, a pesar de dar una imagen de tipo con los pies hundidos en el barro y la menta despejada, es víctima del éxito. Y es que no hay efluvio que más rápido e inconscientemente se suba a la cabeza que el de la notoriedad. Hay que ser muy equilibrado, ponderado y razonable para no terminar tirando de expediente y tratando de arrogarse la credencial de un indiscutible valer. Y me temo que es ahí donde el Juli ha sucumbido sin ambages. Es más, ese torero al que admiro sin reservas creo que ha sido abandonado por el precoz hombre a que estuvo obligado a apelar. Que se ha creído su éxito, vaya. Tal vez, debería haber mantenido la procelosa voz del lacayo que al pie de la cuadriga anegada de flores que le sirve de marco le recordara su condición de mortal.<br />
En este tiempo en que ha sido vejado hasta el insulto, creo que ha equivocado la estrategia. Puesto a transitar esas once varas a que ya me he referido, debería haber insistido en su lucha y ridiculizado a los miserables empresarios que le han hecho luz de gas. Fundamentalmente, porque él tiene razón. Y no sólo razón, sino poderosísimos avales para dar un vuelco a la situación. Pero, al final, le ha venido grande. Se ha adaptado y es él el primero que busca volver al redil a través de las constantes ocasiones que pierde de señalar a los mezquinos cicateros que le han vendido por treinta monedas.<br />
Ha renunciado a esas voces que le urgían a anunciarse con corridas de renombre y lustre, no por miedo, o por incapacidad ¡soberana majadería!, sino por responder al perfil de figura de estos engañosos días. Un nuevo uso de pocos años ha, derivado de una corriente cateta y provinciana, como de torero devenido en nuevo rico, puso de moda no enfrentarse a los hierros más temidos por considerar que ya se había vadeado el Rubicón. De manera que parece ser seña de identidad de las figuras emergentes dejar los hierros legendarios en manos de “especialistas” que de especialistas tienen lo que Antonio Barrera de interesante, Ferrera de exquisito y David Mora de prometedor.<br />
Dadas las circunstancias vividas por el Juli, en lugar de viajar por estas fechas a ese famélico exilio de Aguascalientes, lo que debería hacer era encerrarse en Zahariche y pedir la de Miura a la Casa de Misericordia y al bocho. Afianzarse en su condición de figura y refugiarse al regazo de los aficionados, víctimas colaterales de su ausencia de las ferias.<br />
Y si la bastarda maniobra empresarial arrecia, ahondar en su magisterio a través del órdago que representan las ferias de Pamplona y Bilbao apostando por el toro de mayor presencia.<br />
En eso consiste ser torero. Pero dar una entrevista en la terminal del aeropuerto para un portal demediado y patrañero como si de una <em>performance</em> de los <em>duty free</em> se tratara, es empequeñecer aún más la Tauromaquia. </p>
<p>Un ritual tan desnutrido y anémico que a la presidentísima Aguirre no se le ocurre más antojadiza agudeza que premiar al cabestrero de Las Ventas con la medalla del 2 de mayo. Sí, sí, como lee. Al bueyero. Tal vez el subconsciente de la gobernanta la ha traicionado para evidenciar una realidad lastimosa y lacerante: Que lo más notorio y significativo de la Fiesta de estos días consiste en ver devolver un toro a los corrales. Ay, Señor. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em><br />
@francallejo</p>
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		<title>UN TORERO</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Apr 2012 18:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Hace un par de días, mientras Sevilla practicaba la caridad con Padilla, la liberalidad con Talavante y el júbilo con Manzanares, andaba yo entretenido en revisar añejas imágenes de toreros. Por aquello de recordar en qué consistía el distinguido y privativo proceder de estas gentes. Descartada la ingente nómina de matadores de los sesenta, donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/antonio-bienvenida-150x150.jpg" alt="antonio-bienvenida" title="antonio-bienvenida" width="150" height="150" class="left" />Hace un par de días, mientras Sevilla practicaba la caridad con Padilla, la liberalidad con Talavante y el júbilo con Manzanares, andaba yo entretenido en revisar añejas imágenes de toreros. Por aquello de recordar en qué consistía el distinguido y privativo proceder de estas gentes. Descartada la ingente nómina de matadores de los sesenta, donde lo lavado  de la atmósfera en que se desarrollaba una lidia desnutrida y previsible, lineal y ágil, horadada y ampulosa, tendente a emular el cargado ambiente de esas vinaterías presididas por una cabeza de toro y dos banderillas en aspa, opté por retrotraerme al postmanoletismo. Por aquello de la torería, ya digo.<br />
Sólo con el aire que había dejado la estela de Manolete se podía fundir el molde de cien toreros, y la época que le sobrevino resultó tan rica en matices, que entre los abrigos de astracán y las cartillas de racionamiento cabía todo el Cossío.<br />
De los distintos diestros revisados, me seguía sorprendiendo el sabor y empaque de hasta quienes cerraban nómina y recuento. Incluso aquellos más esquinados por la suerte rezumaban un plante y una prestancia a las que tan ajeno resulta este tiempo de <em>iphones</em> y <em>twitters</em>.<br />
Decidí dirigir mi curiosidad hacia el minucioso y esmerado estudio del quehacer de Antonio Bienvenida, donde pude llegar a reparar hasta en los detalles más aparentemente inanes y minúsculos observando en ellos una orquestal respuesta al sentido litúrgico del rito.<br />
En Antonio Bienvenida, la natural y endémica sonrisa que le balanceaba el gesto no era sino la reverberación de una Tauromaquia redimida como Fiesta, la consustancial alegría de ser y saberse torero y el diligente guiño a la permanente y oscura interrogante en que se despacha el miedo. Su rotunda y circular arboladura, vestigio de aquellas sepias tauromaquias en que los Gordito, Currito y Cara-Ancha no eran capaces de diluir sus kilos en la cargada pasamanería de sus vestidos, me revelaba el Toreo como eminente ejercicio plástico y de poder, donde la buena forma física se constituía empero en un obstáculo.<br />
Del vestido le caían los pliegues de los laterales pañuelos como el inmaculado indicio de una elegancia obstinada y baldía, superflua y aplicada, consciente y asidua. Y eso cuando no optaba por emplear uno de aquellos aderezos como contrapunto al regazo en que hacía descansar la espada sobre el frunce de su muleta plegada con la que citaba al pase cambiado, reverbero de la inventiva de Cúchares.<br />
Bienvenida dominaba todas las suertes en la misma medida que cuidaba del exacto desarrollo de la circular pitagórica. Y como las suertes, se aplicaba a la psicología del toro para provocar el estruendo de su policromada pirotecnia. La eminente sencillez con que gobernaba vuelos y tiempos sumía al animal en la espiral inercia de un ritmo académico que le iba predisponiendo de cara a los distintos tercios. En banderillas, optaba por desmonterarse para otorgarle diafanidad y desenfado a un momento de liviana efervescencia. Tiempo de revoque en que jugar al galleo para dotar de inspiración a Roberto Domingo.<br />
Llegado el instante del último tercio, reventaba Bienvenida de clasicismo y empaque. Un crisol de aposturas diligenciaba el tráfago de la lidia en su apogeo. Una tauromaquia vetusta y ecléctica, ajada y novísima, gallista y belmontina, esparcía su doctorado con la naturalidad y sencillez por que aboga la maestría. Y a lo largo del versado legado, un caleidoscopio de toreras gradaciones en que la colocación y el ceremonial no se concedían un respiro. </p>
<p>Lo peor de Bienvenida han sido y son sus panegiristas. Desde aquel por el propio diestro desdeñado Vicentón, tan entusiasta e intonso, como parcial y arbitrario, hasta el nutrido e impasible el ademán florón de señorones amigos de la Dinastía Bienvenida. Una gavilla de biempensantes alabarderos a los que gusta más un encuentro y un emblema que a un tonto una tiza de colores. Tipos de los que Antonio se reiría con esa guasa felina de que era tan capaz, haciendo el oportuno comentario de lo desproporcionado de las ñatas de uno, o de la presidencial y pinturera secular tristeza de otro.<br />
El caso es que ahora que toda esa sarta de cantamañanas que ya no sabe cómo vender sus libelos prepara números especiales para celebrar el setenta aniversario de la alternativa del más destacado hijo del Papa Negro, bien merecería la pena que los toreros del momento, esa figuras arrumbadas y sin noticias de “torería” se asomaran aunque sólo fuera a las fotografías de Antonio. Por lo menos para que vean cómo es un torero.  Sin comprar las revistas, eso sí. Al enemigo, ni agua. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em><br />
@francallejo</p>
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		<title>LO DE SIEMPRE</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Apr 2012 16:28:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/petardeo-150x150.jpg" alt="petardeo" title="petardeo" width="150" height="150" class="left" />De cuantos animales excrementan la tierra es el hombre el más vil y prescindible. Bueno, en realidad habremos de convenir que es el único vil y prescindible. El resto de la fauna cumple una misión capital y trascendente. Misión que ese ser a dos patas y a pírrico porcentaje de sus supuestas prestaciones cerebrales, se obstina en entorpecer y arbitrar.<br />
Esa inocencia primaria, incorruptible y virtuosa con que es capaz de pasear su mirada un asno alberga más humanidad que cualquiera de las indecentes acciones –aun bajo amparo de misericordia – a que se apresta el hombre. En el animal todo responde a estímulos sobrevenidos del instinto y a una natural y sincera franqueza; en el hombre todo es producto de descollar y permanecer en la pomada aun a costa de sus semejantes. Fundamentalmente a costa de sus semejantes.</p>
<p>Compadezco a cuantos se obstinan en una manumisión que a lo único que les conduce es al patíbulo. Y es que no existe redentor al que, al final, todas esas alimañas de su misma especie no terminen colgando de una cruz. Por más que uno se esmere en adecentar el decoro y la dignidad, la honorabilidad y la buena crianza, siempre le saldrán al paso letanías de pereza y esa pertinaz galbana de que tan capaces son todas esas gentes de infantería a cuya costa medra el listo de turno.<br />
En cualquier caso, eso que da en llamarse colectivo humano no es sino la suma de inertes estupideces que viven la ficticia virtualidad de un escenario cuyo cartón piedra les tiene fascinados. Es más, vengo maliciándome sobre si no representarán ellos algún papel en ese sainete con grumos y hedor a cine de barrio.<br />
Si no, no se explica que todavía haya imbéciles que le llamen liberal a una forma de ejercer el comercio bajo cuyo faldón se represalia y castiga a los más eficientes y se tortura y mortifica a quien ofrece amparo y cobijo económico a ese espectáculo, es decir al subnormal del pagador.<br />
Claro que, desde el punto y hora en que individuos como Esperanza Aguirre, o Federico Jiménez Losantos –pongamos por caso- se  señalan como liberales, algo debe invitarnos a reflexionar sobre la malversación del concepto.<br />
El caso es que, fechas atrás, quise empujar a mis escasos lectores a un ejercicio de reflexión que sirviera de trampolín a una acción presencial y moderada, convencida y valiente, consecuente y cumplidora. Pretendía –ingenuo de mi- orquestar una protesta ilustrada y lúcida ante el más vergonzante arranque de temporada en lo que a confección de carteles de feria se refiere de cuantos recuerda la memoria; pretendía –bendito candor- alzar, si no la voz, si la presencia ante el más indecente <em>trust</em> mercantil que se ha dado en la historia del Toreo, ese malparido convenio entre Choperitas, Matillas y Casas a costa de la explotación (y nunca mejor dicho) de un coso que nos pertenece a cuantos contribuimos impositivamente; pretendía –Dios se apiade de mi simpleza- despertar de su letargo y desidia a cuantos se repujan de aficionados para demostrar que los iniciados en este ancestral rito, lejos de la paleta de Solana, proyectan la sombra de la Institución Libre de Enseñanza.<br />
Bien, pues aquí fue Troya. Ese artículo no recibió ni una sola respuesta.<br />
Llegué a enviar misivas a asociaciones y foros tan dispares y divergentes como la Asociación el Toro, o el Foro de la Juventud Taurina, entre otros muchos, considerando que en lo fundamental cualquier sujeto que se precie de aficionado habrá de coincidir. ¿Cuántos me respondieron? No existe balance capaz de producir mayor sonrojo. Vaya ello al haber de la buena y esmerada educación de estas gentes.<br />
En cualquier caso, bien sabe el Altísimo que sólo a mí me tengo por responsable, pues bastante necedad es pensar que esos arrieros de gañanía  cuyo único distintivo es un moquero verde y un eructo van a abandonar la tenebrosidad de esos fondos de cuadro del ya referido Solana para mostrar una urbanidad a cuyos usos están llamados como un Borbón a la destreza en el empleo de una escopeta. Similar sandez la constituye llegar a considerar que una gavilla de petardas cuyas más acusadas aspiraciones se cifran en posar con sus conjuntos de <em>Bershka</em> y <em>Mango Outlet</em> al lado de José Mari Manzana y Alex Talavante para colgar sus fotos en un <em>twitt</em>  mientras organizan una entrega de premios con eco a “qué guay tía” financiada por la Comunidad de Madrid, va a salir a la calle para reivindicar los derechos del aficionado. <em>Mea culpa</em>.<br />
La única respuesta que recibo se cursa a través de una blog ajeno a <em>La Charpa</em> en el que una meningítica, tarada y fotofóbica responde que defender el negocio es responsabilidad de los que viven de él. Ya ve usted. Otra aturdida a la que aplicar aquello de las témporas y el culo.</p>
<p>La cuestión es que, el 5 de mayo, la explanada que precede al ciclópeo edificio de Las Ventas despertará legañosa y apática, soleada y ausente, triste y llorosa, como esos libros empeñados en el monte de piedad, osea, como siempre. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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		<title>IMAGINE</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Apr 2012 18:53:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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		<description><![CDATA[Imagina que al margen de tus años, por breves o por holgados, te haces valer como el aficionado docto y enterado, entusiasta y ardoroso, que cultiva su inclinación taurina con un enardecimiento primerizo y un empeño conmovido. 
Imagina que, ajeno y desdeñoso a toda esa corriente biempensante que aspira a recluir la liturgia taurina en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/john-lennon-150x150.jpg" alt="john-lennon" title="john-lennon" width="150" height="150" class="left" />Imagina que al margen de tus años, por breves o por holgados, te haces valer como el aficionado docto y enterado, entusiasta y ardoroso, que cultiva su inclinación taurina con un enardecimiento primerizo y un empeño conmovido. </p>
<p>Imagina que, ajeno y desdeñoso a toda esa corriente biempensante que aspira a recluir la liturgia taurina en el formol de un envase de vidrio sellado, ejerces un apostolado juicioso y comedido, discreto y recatado, equilibrado y reflexivo, de cara a una sociedad que desprecia todo aquello que ignora. </p>
<p>Imagina que abdicas de cualquier tentativa inerte que aboga por renovar un abono que lo único que actualiza en ti es un balido melifluo y sumiso, sojuzgado y sometido, porque eres consciente de que, a pesar de que el ceremonial no atraviesa su mejor momento, tu propia dignidad te impide permitir el soterrado secuestro que supone dejarte chantajear por quienes no mueven un dedo por hacer valer una tradición que les ha hecho ricos.</p>
<p>Imagina que te muestras lúcido ante el papel que representa la prensa “autorizada”. Y entiendes que, allí donde tú haces esfuerzos económicos, familiares y laborales, ellos lo resuelven con un pase de prensa que les acredita una  gratuidad y una representación en tu nombre que tú nunca has concedido. </p>
<p>Imagina que los toreros se tengan que hacer portavoces de tus aspiraciones e ideas, deviniendo en el arquetipo de representación social que proyecta tu propia realidad en un ruedo, catarsis y metáfora de tu propia vida. Que se pliegan, realmente, a tu paradoja y a tu inquietud existencial  trascendiendo su mero papel expositivo. </p>
<p>Imagina que el negocio que prospera a tu costa, oscuro trasunto que emponzoña y envilece lo que nació del pueblo y al pueblo corresponde tutelar, se  ve en la obligación de acatar tus inquietudes y afanes, respondiendo a cuanto económicamente se mueve para garantizar la transparencia e inviolabilidad de un ejercicio en el que no caben albañales. </p>
<p>Es muy probable que todo esto te suene a utopía irrealizable, entre otras cosas, porque ni siquiera  se ha intentado. Pero los acontecimientos también obligan a nuevos modos de mirar.<br />
Ese Cioran al que tanto placer causa citar comentaba no saber cuántas soledades hacían falta para cambiar el mundo, pero era consciente de que sólo unas pocas eran suficientes para hacerlo temblar. ¿Eres tú de esas pocas?<br />
Si así fuera, imagina qué resonancia social y mediática tendría que el venidero 5 de mayo, vísperas de San Isidro, una marea humana se diera cita en la explanada de Las Ventas para, de forma tan pacífica como testimonial, evidenciar su desaprobación a un ciclo ferial impropio y disminuido, infame y devaluado, indigno y vergonzante. Su censura a un modo de hacer por parte de empresas y administraciones ramplón y sospechoso al que no cabe dar pábulo. De nada sirve que una parte del sector se mueva cuando otra -la más potente- ha erigido su estatus a base de inmovilismo, Y todo ello con el inherente y autómata consentimiento por falta de acción de quien sufraga el espectáculo. Ya es hora de que el aficionado haga algo más que pagar.<br />
De igual modo, imagina que el día 17 de mayo, día en que se celebra la corrida que concita el único cartel que pudiera llamarse rematado, los abonados mostraran su rechazo a la bajeza empresarial a que están expuestos no asistiendo a esa corrida, permaneciendo en el exterior de la plaza como medida de protesta y repulsa. Quizá entonces, cada estamento supiera el papel que las circunstancias le exigen representar. Y es que un cartel en el que dos de los intervinientes tienen como apoderados a dos de los empresarios de la plaza, junto con un tercero apoderado por otros que tal bailan, es una flagrante y evidente tomadura de pelo.</p>
<p>El aficionado está en la encrucijada y no lo sabe. Así pues, o sigue asistiendo como impasible espectador a la crónica de una muerte anunciada, o aparta la niebla y se pone en el camino de un cambio de piel y señas de identidad. </p>
<p>Imagina. Al menos, imagina.</p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
<p>P.D: &#8220;You may say I&#8217;m a dreamer<br />
but I&#8217;m not the only one.<br />
Maybe someday you will join us<br />
and the world will be as one&#8221;</p>
<p>                                   <em>John Lennon</em></p>
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		<title>QUE EL ÚLTIMO TIRE DE LA CADENA</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 19:42:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/papel-higienico3-150x150.jpg" alt="papel-higienico3" title="papel-higienico3" width="150" height="150" class="left" />Pues ya están los carteles de San Isidro en la calle. Puestos a ventilar como la ropa que ha de orearse antes de someterse al lavado junto a otras prendas para evitar su contaminación miasmática. Y es que sumirse en el contenido de los recurrentes, redundantes, reincidentes y repetidos carteles de esta tomadura de pelo institucional con cargo al bolsillo del desventurado y cándido abonado, es como asomar la gaita a una letrina en la que desagua el moje de una comunidad aquejada de padecimientos gástricos.<br />
Que los Choperitas se rían del personal desde su enfática, arrogante, encopetada y abusiva suficiencia es algo a lo que ya se tiene acostumbrado al infeliz abonado, pero que periódicamente sean secundados  por todo ese comunal mesnadero de puntuales merendados que conforman el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, cuyos emolumentos se despejan de los impuestos de todos y cada uno de los contribuyentes de esta absurda colectividad autónoma, hiede al tallaje de los trajes de Camps, o a los cajones a los que no llega la luz de Chaves y Griñán.  A podrido, o sea.<br />
En esto del Toro, industria macilenta y morosa, apenas llega un resquicio de ventilación por donde poder velar por la salubridad de un ceremonial abocado a la extinción por tumoración gangrenal. Resulta vergonzante que  la basura con que secularmente ofende el empresariado que usufructúa la Plaza de Madrid al inoperante y pasivo aficionado que paga religiosamente su entrada se sume el <em>ora pro nobis</em> de todos esos invitados de callejón.<br />
A la bendición por parte de todos estos encorbatados cantamañanas se suma la de los medios de comunicación que limosnean pases de prensa, entrevistas, o felaciones de cualquier laya. Voceros y bacinillas, asistentes y palafreneros, asalariados y domésticos. No tiene perdón de Dios cualquiera de los pendolistas que pasa a limpio dando por bueno el zurullo en que consisten estos carteles.<br />
Sucede que en España no está del todo mal visto el pillaje y, lo que es peor, no tiene mala prensa. Al contrario, se enaltecen y glorifican latrocinios y saqueos. Sueña el españolito de medio pelo con el golpe perfecto y el fraude impune. Aspira a ser empresario, que en estas tierras de mojicón y letanía es arregosto de felicitación y albricias.<br />
Lo más próximo a una acreditación universitaria de que disponen los empresarios taurinos que visten el coturno es la multa por aparcamiento indebido en el vado de alguna de estas pedagógicas sedes. De la Universidad no conocen ni el patio. Y estos son los que dirimen los destinos del porvenir de la Fiesta que, por ello, así le va. Ser empresario taurino es como ser crítico de toros en <em>ABC</em> y ahora en <em>El Mundo</em>. Basta con que lo haya sido tu padre. Así pues, no es de extrañar que toda esa endogamia que engolfa y abstrae, contamina y envilece, ensucia y pervierte la atmósfera taurina, contribuya a enriquecer la faltriquera de quien acaba de apearse de un jumento para poner  en marcha el clásico Mercedes a que se quiere hacer acreedor todo nuevo rico. Y como, además, cuentan con una claque bien comida y mejor estimulada, ancha es Castilla.<br />
Aquí, cualquier juntaletras presto a salivar y romperse el espinazo en oportunas genuflexiones tiene la sacrosanta bendición de patrones y amos. De modo que resulta más sencillo cuestionar por un quítame aquí treinta mil euros a un apoderado independiente que a toda una familia amparada en el cheque bajo cuerda y el beso en el anillo.</p>
<p>Los carteles de San Isidro ya están en la calle y lo único que inspiran es limpiarse salvo sea la parte con ellos. Un ciclo que presume de ser el más importante sin los dos más importantes toreros, con el resto de figuras en contadas comparecencias y con un centón de pobrecitos y confirmantes en calidad de relleno es llamar de forma, no tan velada, gilipollas al personal de recluta, o de abono, que lo mismo es una cosa que otra. No resta ya, sino que la Comunidad de Madrid tenga la oportuna idea de editarlos en formato papel higiénico para que puedan llegar a más hogares. Otra forma de promocionar la Fiesta Taurina.</p>
<p><em>Francisco Callejo </em></p>
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		<title>¿EL VERDADERO?</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Mar 2012 15:52:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[En el ocasional deambular, indiferente y ajeno, desinteresado y escéptico, impasible y dispensado, con que uno tasa los estantes y anaqueles de las librerías de abastos, irremediablemente suele coincidir en el aforismo con el clásico: ¡Cuántas cosas que no necesito!
El ramo de la lectura en un país como este, que no lee, se antoja la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/arroyo-150x150.jpg" alt="arroyo" title="arroyo" width="150" height="150" class="left" />En el ocasional deambular, indiferente y ajeno, desinteresado y escéptico, impasible y dispensado, con que uno tasa los estantes y anaqueles de las librerías de abastos, irremediablemente suele coincidir en el aforismo con el clásico: ¡Cuántas cosas que no necesito!<br />
El ramo de la lectura en un país como este, que no lee, se antoja la baladí asonada del iletrado que adquiere volúmenes, bien para guardar entre sus virginales páginas ese excedente pecuniario que antaño acomodaba entre el alma del somier y el del colchón, bien para calzar esa mesa tambaleante y renca, o bien para ventilar una imagen ante las visitas que en nada se corresponde con el onagro que rebuzna al fondo. Este es país de apariencias, vaya. Así como otrora los alampantes y menesterosos hidalgos se salpicaban de migas las luengas y alquitaradas barbas con objeto de semejar ante los análogos la ingesta de un pantagruélico gaudeamus que no había acontecido ni por pienso, hoy todo ese paisanaje de recluta que se acomoda en el impersonal concepto en que se cifra esa nadería de la clase media pretende darse marchamo de docto y cultivado, de ilustrado y erudito, de versado y diestro.<br />
Sólo hay que ladear la cabeza para leer sobre el lomo de sus libros el contenido del ejemplar de que se enseñorea la común luminaria y no es lo pretendido sino tortas y pan pintado. Comienzan a aparecer los nombres de autores tan reputados como Carmen Lomana, Jorge Javier Vázquez, Carmen Martínez-Bordiú y en un exceso de profundidad y brillantez, hasta el de Jaime Peñafiel.<br />
Ahora llega para sumarse a ese descollante canon el de un autor novel que se firma como José Miguel Arroyo y titula su obra: “<em>Joselito. El verdadero</em>”.</p>
<p>Asomado a lo que pretenden ser los primeros compases de la obra, choca uno (no encuentro otro término que en mejor medida se acomode a la impresión producida que el de chocar) con una prosa pueril y desnutrida, elemental y animosa, enjuta y anémica. Una expresión con toda la declarada afectación de quien pretende engolar la voz para dotar de tono dramático lo que comienza a dibujarse como el calco de la biografía de “el Vaquilla”. Y es que me temo que Paco Aguado en su intento por dar un pulimento proclive a lo marginal remeda la historieta que, en lugar de sonar a enmohecido y húmedo cuarto de contadores, tañe a manido y tópico quiosco de chicle <em>Cheiw</em>.<br />
Flaca idea la de optar por Aguado en condición de negro. Hasta para eso tuvo mayor tiento Ana Rosa Quintana.<br />
De Arroyo, uno guardaba la impresión de torero voluntarioso y regular. De matador afónico y asimétrico, desconcertado y monocorde, lineal y desafinado.   En fin, de diestro aparente, aunque articulado, en el que la armonía era una constante desavenencia. Como escritor, guarda cierto equilibrio con las impresiones apuntadas, lo que invita a pensar que escribe como torea.<br />
La maquinaria propagandística de Arroyo, fue en su día ejemplo del que beberían los más tiránicos movimientos en su dogmático afán. De él se vendió una imagen que en absoluto se correspondía con el original, o verdadero, llámesele como quiera. Se nos llegó a inocular la idea de que ese barrunto suicida en que se esmeraba era el producto de la provechosa digestión de sus lecturas de Cioran. Pero a poco que conozca uno la obra del escritor rumano observará lo poco fructífero de sus enseñanzas en el caso Arroyo. Cioran subrayaba como capital la marginalidad esencial, no así la accidental que es precisamente la piedra angular del libro que firma el ex matador. Asimismo, señalaba que “<em>aquel a quien todo le sale bien es necesariamente superficial</em>”. Convengamos que a Arroyo muy mal no le va. De igual modo, afirmaba Cioran que “<em>alguien que no sea sensible a la música padece una imperfección enorme</em>” ¿Cuántas faenas no ha pedido Arroyo que se silencien por lo pesaroso que se le hacía escuchar el bien interpretado pasodoble de fondo? </p>
<p>Ahora Arroyo desfila de plató en plató ahíto de la notoriedad que se le fue por el desagüe aquella aciaga tarde sevillana en que mató seis toros sin que sucediera otra cosa que esa, que los mató. Desde su retirada en Zaragoza no ha cosechado distinción alguna salvo la de la devaluada medalla de las Bellas Artes que por tenerla la tiene hasta Esplá, e incluso Rivera Ordoñez. Y no ha alcanzado más reputación por más que le abriera las puertas de su casa a Moncholi y  las de su corazón a Paco Aguado. O, tal vez, por ello. El caso es que edita esta nueva versión de “<em>Una historia del Bronx</em>” a la que a la propia  falta de pudor implícito ha de añadírsele la obscenidad de pretender resultar pedagógica, pues eso es lo que proclama el propio autor. Lo que resulta del todo innegable es el paralelismo existente entre lo que narra Arroyo, Aguado, o quien sea y la película que dirige e interpreta Robert de Niro. Las vivencias del ex torero parecen beber de las fuentes de un <em>Calogero</em> que aprende los pardales rudimentos de la gramática existencial entre un padre biológico, que hace lo que puede, y un padre putativo que puede lo que hace. Pero, en fin, eso daría para otro artículo. Como poco. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em><br />
@francallejo en twitter</p>
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		<title>SE LLAMA DIGNIDAD</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Mar 2012 11:41:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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La Historia se nos revela como el enmohecido y rancio cangilón que revuelve el agua para acomodarla al combado surco que la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/el-juli2-150x150.jpg" alt="el-juli2" title="el-juli2" width="150" height="150" class="left" />El hombre es por definición un ser tan miserable que es sólo en la endémica reincidencia de sus imperfecciones donde encuentra el mullido acomodo que le niegan su falta de excelencia y de franqueza.<br />
La Historia se nos revela como el enmohecido y rancio cangilón que revuelve el agua para acomodarla al combado surco que la inercia y la molicie pregonan como único cauce viable. No abundan los hombres portadores de interrogantes, herreros de interpelaciones, o artesanos de demandas. Todo lo más, un inocuo lamento ante la elemental evidencia de un mundo artrítico, pancista y rezador.<br />
De la Tauromaquia, uno  conjeturaba que era predio de epopeyas, hacienda de gestas y heredad de proezas, pero un ocasional deambular por estos pagos desvela que, finalmente, no es sino terruño de vulgaridad, pradería de adocenamiento y labrantío de avenencias. Como el mundo, o sea.<br />
Hoy que Valencia proyecta en su estruendosa detonación el embrión de mil sorderas al acecho, los Toros se han desgajado de las Fallas a las que, antaño, solían portar y exportar al orbe de la mano. Hoy son dos acontecimientos que se proyectan a través de dos paralelas condenadas a no entenderse.<br />
Los Toros se han estancado. Se han oxidado en los viejos y demediados engranajes de una rutina periódica y sucesiva, de un exhalar pronosticable y quejoso, de un ademán caduco y arrumbado. Se improvisan apoderamientos, como los del buen Román, a modo de donativo y caridad con bisbiseo de abrazos, fragorosos rezongos, exuberantes florones, luz y taquígrafo.<br />
Hay una Fiesta real y cautivadora en que el cárdeno de autenticidades sin mestizaje devuelve el sello de legitimidad a su hora heroica, y una fiesta achatada y empequeñecida donde la respuesta a una pregunta no formulada deviene en el  salto de una rana.<br />
Entre ambas, aquellos que tratan de ponerle un punto de equilibrio a lo épico y a lo popular y en quienes está la última esperanza de ser los responsables  de hurtar el fuego a los dioses.  Para ello, de sobra es sabido que tendrán que superar todas las penalidades propias del titán que, como un Hércules metrosexual, ponga al día la mitología empolvada y excluida.<br />
Son las figuras del Toreo a quienes corresponde hacer la lectura cabal del tiempo y circunstancias a que se ven abocados. Son ellos a quienes atañe direccionar la liturgia a los acólitos, el espectáculo a la masa y la fe al pueblo. El resto, sólo son oportunistas de ocasión que a costa de sus sacrificios comercian con el <em>merchandising</em>  que son capaces de generar.<br />
Estas figuras, al dar el golpe sobre la mesa que pretendía preservar su imagen, han destapado la ira de los “dioses” que, como en el caso del omnipotente don José Antonio, ha provocado que incluso confundan el color de sus pastillas. Ahora abusan de la azul, y viven en un priapismo que tratan de sofocar sodomizando a sus marionetas.<br />
Manzanares y Talavante han rendido sus plazas y están a lo que dicte el patrón; Morante vive en el autismo de un arte insociable y suficiente que le lleva por el andurrial celaje de sus enajenaciones; Ponce busca en la alacena <em>Ferreros Rocher</em> con que agasajar a la marquesa de la Vega de Anzo; el Cid, el hombre, a lo que digan sus compañeros; Perera, de paso por allí y Cayetano…<br />
Quien está pagando la parte más gravosa de la factura expendida por el enojo empresarial es el Juli que, ahora, se queda también fuera de Madrid. Pero el Juli dispone de argumentos y virtudes lo suficientemente sólidas como para plantar batalla a toda la piara de villanos que le están saliendo al paso. Y debe hacerlo. Entre otras cosas, porque ya no hay posibilidad de vuelta atrás. El empresario –y hablo del común de esta casta- es codicioso y avaro, ambicioso y desaprensivo, calculador y aprovechado. Dispone a su alrededor de mil variantes del tonto útil que legitiman la supuesta licitud de querer ganar dinero. Los medios, ya se sabe, es lo de menos.<br />
Este es el mundo en el que vivimos y, lo que es peor, el que toleramos. Por eso, circunstancias como las que hoy vive el Juli y a diario cualquier fulano que es víctima de la desvergüenza, despotismo y extralimitación de su jefe son la oportunidad de ejercitar ese músculo enflaquecido por falta de uso y exceso de adaptación que tendemos a olvidar y que se llama dignidad.<br />
En este órdago que ha lanzado el Juli y en el que sus compañeros le están dejando con las posaderas al descubierto, se dirime mucho más que una batalla de prendería. Se decide la altura moral de quienes deberían ser portadores de valores, se determina el peso histórico de una generación taurina y se dilucida la razón de ser de una ceremonia que sin valores altruistas y sin desprendimiento de la propia vida -con todo lo que ello implica- no es nada.  </p>
<p><em>Francisco Callejo</em>    </p>
<p>P.D: Acabo de poner en funcionamiento una cuenta en twitter cuya dirección es @francallejo</p>
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		<title>EL EMPRESARIO ES CULPABLE</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Mar 2012 19:20:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Al natural]]></category>

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		<description><![CDATA[Ha echado a andar la nueva temporada taurina con el fatigoso y exhausto paso de una vejez precipitadamente sobrevenida. Con  el terminal hálito de un enfermo encorsetado en la rutina de una terapia que sólo contribuye a retrasar el fin a que está abocado.
Valencia se despierta de un invierno adelgazado y desnutrido al calor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lacharpadelazabache.com/wp-content/uploads/el-juli1-150x150.jpg" alt="el-juli1" title="el-juli1" width="150" height="150" class="left" />Ha echado a andar la nueva temporada taurina con el fatigoso y exhausto paso de una vejez precipitadamente sobrevenida. Con  el terminal hálito de un enfermo encorsetado en la rutina de una terapia que sólo contribuye a retrasar el fin a que está abocado.<br />
Valencia se despierta de un invierno adelgazado y desnutrido al calor de las contusiones que una estaca democrática dibuja en los lomos de estudiantes ateridos. Suena la <em>mascletá</em> a crujido que se apelmaza en las gargantas que claman por una justicia que se diluye en la tintorería en la que Camps enjuaga los lamparones de sus trajes, y Levante huele a pólvora.</p>
<p>Simón, el zagal de los recados de don José Antonio, mira el enladrillado al aire del coso del paseo de Xátiva  pespunteado de ausencias, y ni siquiera su miopía le otorga un pretexto para justificar tamaño vacío. Seis adolfos de asaltilladísima credencial justifican los revoques de una liturgia que niega sus orígenes para enfangarse en la fingida, insustancial, decrépita y decadente iniquidad en que ha devenido esto de los Toros. </p>
<p>Olivenza ha cumplido con su papel de exposición de abastos. Una feria bien programada, sustentada en los pilares de quienes se erigen en basamento del espectáculo, que no son otros que los toreros. Las figuras, abocadas este año a un recorrido espectral y labriego por cerrárseles el paso a los ciclos que en puridad les corresponde. Una aldeana cura de humildad a modo de ostracismo de cuyo destierro sólo cabe esperar la fértil cosecha de un inevitable y violento afán de venganza.<br />
Porque ya no caben subterfugios. El empresario que viste el coturno es culpable. Ese auténtico y real G-6 que, en comandita con los medios de comunicación taurinos más potentes, es el principal responsable de los desmanes, tropelías, arbitrariedades y agravios a que está constantemente expuesto este ceremonial ultrajado y ofendido.<br />
Esa caterva de abyecta canalla que en llevárselo crudo cifra el total de sus aspiraciones, prescinde constantemente de tomarle las constantes a  la Fiesta. Ellos, que son precisamente los obligados a concebir alternativas y variables, esperan sentados en el trono de su arrogancia a que el resto de los sectores se avenga al capricho de su hoja de balances. Por eso ya era hora de que alguien les escupiera a la cara que no se va a transigir por principio. Envuelto en el ropaje de los derechos televisivos, o de cualquier otra circunstancia que se hubiera tenido a bien, tiempo era de ponerle coto al cacicazgo, a la autocracia y al cesarismo.  Todo lo demás, no es sino la francachela de los sicarios que los empresarios tienen en el sector de la prensa que, además, ha enturbiado de modo infecto y rastrero el diáfano mensaje de las figuras con respecto a las retransmisiones televisivas. </p>
<p>Al final, la evidencia se impone. Sólo dos toreros que, además, son las dos máximas figuras de este tiempo –el Juli y José Tomás- han sido capaces de portar el cascabel que hay que ponerle al gato. El primero, vuelve a echarse a la espalda una nueva responsabilidad que le suma hilo a sus entorchados; el otro, desde la distancia que le otorga su disimulada discapacidad y su irrebatible falta de afición menudea negativas que suenan a patada en las turmas del amo. Bien por ambos. </p>
<p>La nueva reforma laboral, -encubierto aborto del que no se desdicen Gallardón y resto de aspirantes- lleva muchos años funcionando a motor batiente en esto de los toros. De ahí que la cúpula empresarial de la “Fiesta” sea algo así como un forúnculo enquistado años ha, cuyos abscesos (llámense prensa) impiden la podadora y salubre acción desinfectante del bisturí.<br />
Aquí no hay sino sinvergüenzas, lagoteros, arribistas y cobardes. Y al fondo, un público obtuso y gremial que lee a Zabala y se saca el abono. Religiosamente. </p>
<p><em>Francisco Callejo</em></p>
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