EL JULI, NOQUEADO
En una sociedad pancista, rezadora y aparente como esta que padecemos que alguien sea capaz de alzar la voz y arrogarse una responsabilidad susceptible de indisponerle con los fatuos y omniscientes administradores del cotarro y sus ungüentos es señalado afán de heroicidad. Eso, o bendita candidez.
Se me viene a la cabeza el Juli como principal exponente de uno u otro pormenor. Adivino en el lúcido y competente torero el inmaculado e ingenuo deseo de mejorar la imagen y situación de ese astroso colectivo que fuera de ruedos y discotecas apenas sabe sostener su agnusdéi.
Tengo la casi total convicción de que cuando el joven maestro (este sí lo es, no así el esforzado Lalanda) pretendió medir la hechura de la camisa en que se metía, lo último en que reparó es que era prenda de once varas. Circunstancia esta que no hablaría muy bien de lo poco despejado de la mente de sus asesores y próximos, así como de su aún no sacudido candor.
Si algo necesitaba la hermandad de grandes empresarios del negocio taurino era un chivo expiatorio metido en arrobas sobre el que descargar el impenitente peso de la crisis. Y el Juli se puso a tiro.
Lo que están haciendo con él es de una vileza sólo al alcance de toda esa piara de mercachifles. Es tal y tan obsceno el linchamiento que cada vez que leo, escucho, o veo al matador haciendo declaraciones se me representa la imagen de Rocky Marciano noqueado, ajeno y evasivo, incapaz de encontrar su rincón en el ring.
Sospecho que el Juli transita la delusiva vereda de quien, a pesar de dar una imagen de tipo con los pies hundidos en el barro y la menta despejada, es víctima del éxito. Y es que no hay efluvio que más rápido e inconscientemente se suba a la cabeza que el de la notoriedad. Hay que ser muy equilibrado, ponderado y razonable para no terminar tirando de expediente y tratando de arrogarse la credencial de un indiscutible valer. Y me temo que es ahí donde el Juli ha sucumbido sin ambages. Es más, ese torero al que admiro sin reservas creo que ha sido abandonado por el precoz hombre a que estuvo obligado a apelar. Que se ha creído su éxito, vaya. Tal vez, debería haber mantenido la procelosa voz del lacayo que al pie de la cuadriga anegada de flores que le sirve de marco le recordara su condición de mortal.
En este tiempo en que ha sido vejado hasta el insulto, creo que ha equivocado la estrategia. Puesto a transitar esas once varas a que ya me he referido, debería haber insistido en su lucha y ridiculizado a los miserables empresarios que le han hecho luz de gas. Fundamentalmente, porque él tiene razón. Y no sólo razón, sino poderosísimos avales para dar un vuelco a la situación. Pero, al final, le ha venido grande. Se ha adaptado y es él el primero que busca volver al redil a través de las constantes ocasiones que pierde de señalar a los mezquinos cicateros que le han vendido por treinta monedas.
Ha renunciado a esas voces que le urgían a anunciarse con corridas de renombre y lustre, no por miedo, o por incapacidad ¡soberana majadería!, sino por responder al perfil de figura de estos engañosos días. Un nuevo uso de pocos años ha, derivado de una corriente cateta y provinciana, como de torero devenido en nuevo rico, puso de moda no enfrentarse a los hierros más temidos por considerar que ya se había vadeado el Rubicón. De manera que parece ser seña de identidad de las figuras emergentes dejar los hierros legendarios en manos de “especialistas” que de especialistas tienen lo que Antonio Barrera de interesante, Ferrera de exquisito y David Mora de prometedor.
Dadas las circunstancias vividas por el Juli, en lugar de viajar por estas fechas a ese famélico exilio de Aguascalientes, lo que debería hacer era encerrarse en Zahariche y pedir la de Miura a la Casa de Misericordia y al bocho. Afianzarse en su condición de figura y refugiarse al regazo de los aficionados, víctimas colaterales de su ausencia de las ferias.
Y si la bastarda maniobra empresarial arrecia, ahondar en su magisterio a través del órdago que representan las ferias de Pamplona y Bilbao apostando por el toro de mayor presencia.
En eso consiste ser torero. Pero dar una entrevista en la terminal del aeropuerto para un portal demediado y patrañero como si de una performance de los duty free se tratara, es empequeñecer aún más la Tauromaquia.
Un ritual tan desnutrido y anémico que a la presidentísima Aguirre no se le ocurre más antojadiza agudeza que premiar al cabestrero de Las Ventas con la medalla del 2 de mayo. Sí, sí, como lee. Al bueyero. Tal vez el subconsciente de la gobernanta la ha traicionado para evidenciar una realidad lastimosa y lacerante: Que lo más notorio y significativo de la Fiesta de estos días consiste en ver devolver un toro a los corrales. Ay, Señor.
Francisco Callejo
@francallejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “EL JULI, NOQUEADO,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 04.27.12 / 8pm
- Categoría:
- Al natural
)




3 Comentarios
Saltar a formulario | comentarios rss [?] | trackback uri [?]