ORGULLO IBÉRICO
Saturio Mocejón Coscojuela, jubilado y perito degustador de morapio, compone endechas y madrigales en los que la rima es un mal menor. Entusiasta y ardoroso, le abre a su tullida inspiración los goznes de un magín herrumbroso y obturado por donde reparte cefalalgias con donosura e hispánica caballerosidad. A jumento entre Huelva y Badajoz, va dejando una estela de hollín por donde se desdibuja la Ruta de la Plata. Bueno, en realidad, el desdibujo no sólo afecta a la argéntea vía, sino también a los lienzos que perpetra y malbarata, pues se tiene a su vez por esforzado pintor.
Saturio gasta tirantes, pues no hay cinturón que le atrampe los mondongos. Así se pasea todo ufano por entre los andurriales de esos rústicos bares y tascas en los que al arrimo de una lámpara de casino y sobre el mármol de esas mesas tiznadas de solos y pajaretes consuma la osadía de compartir sus versos con el estoico y resignado paisanaje.
A Saturio le gusta el Toro. Y los alrededores. El pasodoble y la bota. El calañés y el percal. Perera y su “impávido angelote”, que para eso son paisanos.
A pesar de que Saturio tiene más años que el hilo negro cultiva los nuevos usos y hasta tiene su propio blog, desde el que comparte con el mundo su pardal saber. Es de verlo allí, lanzando pies quebrados a diestro y siniestro. Hoy celebrando a Pepe Luis, ayer a Florito. A este una copla, a aquel un ripio, a estotro una lira; y entre col y col, un cuadro.
La verdad de Saturio es que de nada sabe, pero todo lo intenta. De Toros tiene la misma idea que de Poesía y Pintura, pero le pone tanto entusiasmo a su florido quehacer que no resta sino atender al visaje de su empeño. Saturio es un habitual -friqui lo llaman hoy-, del estepario entorno taurino. Un vehemente goliardo que desde la Raya de Portugal exhorta entre palmoteo y tensión lírica a sus deudos como un Viriato correoso y quimérico.
Él no entiende de televisiones, ni de apoderados, ni de empresarios. Ni siquiera de toreros en horas bajas (ni altas) a quienes una formación académica más vertebrada que la de camadas precedentes parece haberles abierto las entendederas. Él no discierne que los matadores, en un ejemplar y oportuno viraje de timón hayan plantado sus reales para que su voz tenga eco en esas retransmisiones en las que quienes hacen pingües negocios son todos los depravados voceros que le ponen ruido de fondo y los mercaderes con los que trafican. A Saturio nada le interesa todo este sindiós en que “los productores” negocian con las instituciones arrendatarias de plazas y con Canal Plus los derechos de todo hijo de vecino. Le da igual que los Choperitas, Lozanos, Casas, y demás hez puenteen a los toreros para redoblar sus ganancias. Lo que a este aldeaniego vate le interesa es encender su Telefunken y ver allí a “su estrofa consonante de un soneto galeote” -¡hola!- con esa cara de menesteroso bausán pasándose al toro, por aquí, por allá, y por acullá, que ya le hará luego él una égloga.
Así es Saturio Mocejón Coscojuela. Meticón, e importuno, bullidor y fatigoso, trivial y anodino, pero tan desprendido de pincel y pluma que ganas dan de trasegar con él los peleones caldos que le hacen regoldar tanta calentura creativa. Acompañados de jabugo, claro, que para eso Saturio es de la tierra que tan bien cura el pernil.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “ORGULLO IBÉRICO,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 01.08.12 / 2pm
- Categoría:
- Al natural
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