¡TÁPENSE!
Practica España la gimnasia de una democracia fragmentaria y deficiente con la retrospectiva traza de aquellos años de Restauración en que Sagasta y Cánovas especulaban con el devenir de un país ignorante y hambriento. Una tierra de labrantío donde sólo se interrumpía la labor para poner en orden una espiritualidad devenida y refleja a través de la contrición del Ángelus.
Otro bipartidismo, pagano y seglar, era el que alimentaban los rudos y resueltos modos de Frascuelo frente a la natural y apolínea esbeltez de Lagartijo. La España bipolar, escindida y bífida. Una España como la de hoy, o sea.
Y es que un país analfabeto, ayuno y zopenco, está irremediablemente abocado a repetir su historia. Con leves diferencias. Hoy, no son dos toreros los que abanderan la desidia lanar del colectivo nacional. Ni uno. Ni medio. Hoy, los Toros son la abominable mascarada de una piltrafa comercial que ha cedido su primacía a un acontecimiento de masas, como es el Fútbol, que ha sabido plantar sus reales con una solidez incuestionable. Es, además, el Fútbol una proclama internacional, lo que robustece y vigoriza, aún más si cabe, su natural fisonomía. Y, naturalmente, en España el Fútbol ha devenido en la segmentación de dos fuerzas equidistantes: Barcelona, Madrid.
Los tontos a las tres del taurineo ramplón y previsible siguen llenándose la boca con esa soberana imbecilidad que dice de la Tauromaquia ser el segundo espectáculo de masas. Y creen que con eso han resuelto algo. El Toreo, en impagable collera con sus oxidados, hediondos y penosos engranajes está más en cuestión que nunca.
Convengamos que este espectáculo está trasnochado y decrépito, vetusto y rancio, insípido y siniestrado. Y, en gran medida, lo está por obstinarse en impostar una salubridad de la que adolece, por pretender alardear de una musculatura bastardeada de anabolizantes, por proclamar un tónico que no es sino un placebo.
Produce sonrojo ver en esa especie de “Hola” taurino que es la Fundación Eurotoro, -algo así como un panfleto para paletos que se solazan en la contemplación de tanto santo con su pie de foto- los premios del Club Financiero Génova, los premios Gabana, los premios Baltasar Ibán, las recepciones de la embajada francesa, los nuevos sabores de Ferrero Rocher y los más exóticos aromas de Brise absorbe olores.
Un todo a cien del petardeo más frívolo y banal. Ellas, con su sonrisa de compresa con alas y ellos, con la sucia suficiencia de una muda repetida.
El espectáculo taurino se va por el desagüe y la más sesuda ocurrencia de las fuerzas vivas de esta defenestrada liturgia pasa por la concesión de premios, por el posado de jurados y por la degustación de opíparas cenas. Para pintar la mona y sacar pecho no hay crisis que los arredre. Y ahí están, todos a una, contribuyendo a hacer más penosa la paraplejia de un ceremonial tullido y achacoso.
Los Toros precisan más que nunca de una revisión en profundidad, de un ejercicio de penitencia, de una proclama de austeridad. Es una ceremonia, esta, abocada a la extinción por leucemia. Un rito demacrado apuntalado de endogamia. Una exhibición adulterada de incompetencia y previsibilidad.
Ahora, los cuatro empresarios que dirimen el cotarro, ahítos de necedad, proclaman las virtudes de las redes sociales y la supina importancia de conectar con los jóvenes. Ese sector de la sociedad que le ha dado la espalda a los Toros por su sempiterna coraza social. Provoca turbación ver a ese Óscar Chopera, con aspecto de troncolari, alardear de una programación para Málaga apuntalada de los clásicos topicazos por donde siempre ha perdido fuelle el ceremonial taurino.
En todo este sainete de corrala y cachicuerna, lo que más se echa de menos es la autorizada voz de quien a última hora es el verdadero protagonista y víctima de este festín de pancistas que continúan en la cresta de la espuma a costa de alardes y subvenciones: el público. No el aficionado, no, que es otro tontaina al que se le levanta la camisa, sino el público ocasional que elige ante el Fútbol, el Cine, o el Teatro, pasar una tarde de Toros y al que se engaña y evita de forma constante. Ese público que le está volviendo la espalda a esta prostituida y legañosa Fiesta a la que no le resta ya sino desaparecer. Un público legitimado para gritar: ¡Tápense!.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “¡TÁPENSE!,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 11.20.11 / 1pm
- Categoría:
- Al natural
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