CONSUMATUM EST

enanosPor fin ha terminado todo este vodevil marinado del viejo cainismo a la española usanza. Del mismo modo que Azaña manifestó aquella turbia mañana republicana que España había dejado de ser católica, hoy uno de sus menos aventajados correligionarios ha podido decir que Cataluña ha dejado de ser taurina. Lo que, más o menos, viene a ser lo mismo.
Ha dejado de ser taurina, pero yo no he sido. Esa es la coletilla con que ha terminado adobando la frase el apocado e irresoluto no tan molt honorable president de la Generalitat de Catalunya, José Montilla. Y es que en la habilidosísima pericia de tirar la piedra y esconder la mano, la clase política española es gente.
Toda esta mojiganga que se ha estructurado para cercenar de manera institucional la liturgia taurina en Cataluña, naturalmente, es un paso más por parte de los grupos minoritarios que aprietan la entrepierna del señor Montilla, para emanciparse del opresor centralismo de una España fascista y totalitaria. Porque, convengamos que grupúsculos marginales como Esquerra Republicana e Iniciativa verds son los que expelen el humo en la cara a un partit socialist que quiere estar en misa (es un decir) y repicando. Estos grupos de una minoría, no sólo no selecta, sino marginal, son los que, aprovechándose de esas esquinas de penumbra en que hace aguas una democracia mal estructurada, ejercen el arbitraje desde un sectarismo altamente pernicioso.
A todo ello se suma una Convergencia i unio que, en el fuego fatuo de sus achares, no olvida que ganó unas elecciones que le birlaron los apandadores firmantes del Pacto del Tinell, por lo que esta no era sino una nueva oportunidad de echarse al monte para demostrarnos que la destreza con que antes hablaban castellano en la intimidad de Moncloa, se ha tornado en la inclemencia propia de Roque Guinart.
Llega a continuación la farsa de la democracia llevada a su extremo, con los grupos parlamentarios apretando un botón que rubrica su rasgo democrático para al día siguiente aparecer en la portada de todos los diarios la transparente y legítima voluntad del, en este caso, pueblo catalán.
Es natural que esta recua de logreros, así como las del resto de parlamentos autonómicos, o cualquier otra alta instancia estatal, nos tengan a todos los contribuyentes como siervos de la gleba. Como tontos útiles sobre los que ellos han elevado su estatus. Y tienen razón. La gran mayoría de ciudadanos son tontos perdidos. Pero no lo somos todos.
Así pues, que no crean que algunos no sabemos que la política donde realmente se cuece es en los pasillos del Congreso, así como de los distintos parlamentos, o en las cafeterías de los mismos. El tiempo de tribuna no es sino la pantomima a que se someten para que los medios de comunicación puedan extraer los correspondientes cortes con que llenan sus telediarios de las tres. La política, en realidad ya se ha hecho antes. O se hará después.
Resumiendo. Lo acontecido con respecto a las corridas de toros en Cataluña, es el arancel que ha tenido que pagar el PSOE para seguir gozando de los apoyos que precisa con objeto de seguir detentando el poder.
Y la respuesta de los populares, llega a la misma hora que llegaban los mangas verdes. Tarde y a destiempo.
Ahora, las corridas de toros no son sino la quijada con que se miden las costillas derechas e izquierdas, mientras el Toro de España vuelve a agonizar al hilo de una cuneta.
Los descerebrados Mosterín y demás hez, representan como nadie al bobo de turno que aprovecha la ocasión que le brinda un tejido azar para buscar su minuto de gloria. Los ponen de carnaza defendiendo naderías que a nadie, salvo a cuatro veganos de intensidad arrebatadora, interesan mientras al fondo late el verdadero gen de esta medida.

Los abolicionistas se han llevado el gato al agua, y lo han hecho con una solidez envidiable. Envuelto en el pastiche del soberanismo, han dado el puntillazo definitivo a la Fiesta de los Toros en Cataluña, de manera que ya no existe fórmula de volver a ponerla en pie. No les bastaba con la inercia hacia la extinción en que bogaban los Toros. Precisaban su aniquilamiento institucional. Es el más eficaz antídoto contra una más que cuestionable regeneración.

Y los taurinos, abocados a su sempiterno ridículo. Han fracasado de forma estrepitosa por vagos, flemáticos y clasistas. Creen que pueden apelar sistemáticamente a toda esa añagaza de que los Toros son patrimonio nacional, fuente de cultura, vetusta tradición y fuente de ingresos. A Dios rogando y con el mazo dando. Pero dando fuerte. Sin contemplaciones. De sol a sol.
Como respuesta, a Ballesteros le sucede en el cargo de director del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, Carlos Abella; en Torremolinos se anuncian Jesulín, el Cordobés y Rivera Ordóñez; un nuevo presidente, este de Pontevedra, apelando a esa supuesta insobornabilidad de aficionado fetén, le niega otra oreja al Juli solicitada mayoritariamente; los principales periódicos de este país siguen teniendo como responsables de sus tribunas taurinas a Antonio Lorca, Zabala de la Serna y Andrés Amorós.
A perro flaco todo se le vuelven pulgas. Tiempo al tiempo.

Francisco Callejo


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