TENÉIS LO QUE OS MERECÉIS

martin-penazoLos sollozos desgarradores con que en estos últimos días se envilecen aún más las páginas de periódicos carcas, los portales de Internet taurinos, los libelos de lo manido y resto de pagodas de la suficiencia ineficaz, resultan de una ruindad moral infecta.
Ahora, al humo de las velas, es cuando pretende hacer ademán de remangarse los puños de la camisa algún sacristán de brío enteco y timorato. Ahora, desde su pusilánime peana, ese púlpito de fatigosos lugares comunes, rancios tópicos y arengas de tenderete, Paco Aguado pretende llamar a las barricadas.
Y quien cita a este sujeto, hace referencia implícita a toda esa patulea de instalados que abonan la inercia y el continuismo. Siéntanse citados Mundotoro, Burladero y demás gavilla.
Desde que la tan manoseada ILP que va a dar el puntillazo a las corridas de Toros en Cataluña saltó a la opinión pública, ha habido tiempo más que de sobra como para que un colectivo bien organizado, pusiera en movimiento todos los resortes que pudieran contribuir a activar una reacción con cargo a la conciencia social.
De haber existido medios de comunicación funcionales y verdadero interés en sostener la continuidad del espectáculo taurino en Cataluña, se habrían activado los resortes que conducirían a tan porfiado logro. Es más, todo lo acontecido contribuía a dotar de argumentos más sólidos el afianzamiento de una tradición profundamente lesionada, que habría tenido como trampolín para su redención el irascible y mal disimulado ataque contaminado de secesión de que iba adobado.
Pero el mundo del Toro está en manos de una caterva de catetos arribistas pirrados por la estética del canapé. Tipos febles e ignorantes que delegan el peso de lo sustantivo en quienes no tienen ningún empacho en coger la ocasión por los pelos y darse un marchamo de notoriedad a costa de valores que, ya pueden cotizar alto o bajo en el mercado de la ética, ellos utilizan para obtener réditos mundanos.
David Pérez, un pelafustán sin pedigrí político, pretendió arrogarse la heroicidad de erigirse en paladín de los indecisos. Lo que no sabían bodoques exhibicionistas como ese Martín Peñazo, a quien Dios confunda, es que tal vez, el iridiscente Pérez, ya iba aleccionado por un partido político que jamás ha dado puntada sin hilo. Un PSOE sin empacho para travestirse en función de la región en que obtener su siempre insatisfecha cuota de poder. Un partido con una sorprendente capacidad para cerrar filas apelando al viejo apotegma de “donde dije digo, digo Diego“. Un colectivo político que pretende atribuirse la bandera de la justicia social a costa de la ignorancia de una España sin memoria.
Es ahora cuando los cantamañanas que pretenden vertebrar titulares enfocan hacia el PSC, como si fuera este el único responsable de una promesa incumplida. El PSC es, sólo, una de las mil cabezas de esa hidra en que consiste el PSOE. Y el tal Pérez, uno de los infinitos tontos útiles a quien su coalición emplea en pro de otros objetivos. Partido, el socialista, que en la demagogia ha cifrado la base de su acción política. El PSOE es la deificación de lo abstracto. La fiera corrupia que fagocita las voluntades individuales. El ente de absorción en que el individuo es sólo el tejido de un logro abstruso.

Haciendo en cualquier caso de esto un aparte, lo que es evidente es que la representatividad del mundo taurino está en manos de una partida de zampabollos sin más norte y cuaderno de bitácora que el de un afán de notoriedad de ascendente patológico, una yerma imaginación, un clasismo rancio y una ignorancia sólo comparable a su fatuidad.
Tipos afectados y de ramplona cursilería que sólo sirven para dar tediosas conferencias, asistir en calidad de soporíferos ponentes, y dar cuenta de opíparas cenas a las que asisten de gañote.
Individuos a los que los medios de comunicación especializados en materia taurina no sólo no cuestionan, sino que además jalean y dan pábulo.
La liturgia taurina va a desaparecer de Cataluña y los únicos culpables son todos estos badulaques que ahora se rasgan las vestiduras sin haber tenido el mínimo brío para trabajar y evitarlo. Encogidos petimetres sin el suficiente coraje como para emplear una dialéctica que para determinados colectivos es la única legible. Esa a la que ahora tipos como Paco Aguado pretenden llamar con la boca pequeña.
¿Pero qué sabéis vosotros de barricadas?.

Francisco Callejo


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