¡CAGÜEN LA ÓRDIGA!
Ignacio Usechi representa a la perfección al baranda que pindonguea en torno a los Toros sin más objeto que el de pintar la mona, darse una aire de notoriedad y hacerse la foto de rigor en el patio de caballos con los toreros.
El clásico pelma inoportuno que irrumpe en esa estrechez de miedos en la que el matador, con el capote de paseo ya liado, dirige su pensamiento a su yo más íntimo buscando ese leve espacio en que los latosos de alrededor tengan vetado el acceso a su concentración. Es el fatigoso plasta que pasa el brazo sobre los hombros de los matadores mientras su halitosis busca la oreja del torero para, en tono de consejo, expectorar sus zafios lugares comunes. El descarado sinvergonzón que rebuzna a los amigotes que ha colado en el patio de cuadrillas sus consabidos: “¡Patxi!. ¡Cagüen la órdiga!. Ven p´acá, pa´certe la foto con el Juli!”.
Tipos que luego se apuntan a cualquier comparsa con objeto de salir en la prensa local, vomitando las mismas tonterías que vienen subrayando año tras año.
Bien, pues el tal Usechi, además de presidente del Club Taurino de Pamplona, ejerce en el palco presidencial en calidad de asesor del coso gestionado por la Casa de Misericordia. El asesor que, según el Reglamento Taurino, ha de ser un profesional, o un reconocido aficionado. Usechi, profesional no ha sido. Probablemente alardee de la repajolera gracia que lograba imprimir a su cadenciosa verónica en alguna capea organizada por su empresa, en la que llegaba a enfrentarse a poderosos morlacos de unos cincuenta kilos de peso en canal y dos portentosas defensas a punto de brotar de su testuz. Del de la fiera, digo. Y reconocido aficionado… Bueno, reconocido sí es. A gran distancia queda perfectamente identificado por su inabarcable humanidad. Unos cien kilos más, o menos, de humanidad.
Este Usechi, con esa bendita gracia y ese arte pamplonica que no se puede aguantar, ha justificado la negación de una segunda oreja al Juli, apelando a que es un torero que “no tiene duende y torea despegado“. ¡Hola!.
Sí, sí, como han leído. Que no tiene duende. Y es que al parecer el señor Usechi es autor de un ensayo acerca del Duende que haría palidecer al mismísimo “Juego y teoría del Duende” de Federico García Lorca.
El propio Usechi es un ejemplo manifiesto de ese grito de arte desgarrador en que consiste la llegada de los sonidos negros. Sólo hay que oírle graznar. O de ese sabor a sangre en la boca cuando se está en trance y se llega a deambular por entre el quejido más denso y hondo. En el caso de Usechi, cuando trasiega lechón con magras.
¿Es, o no, un excelente teórico del Duende?. Eso sin discutirle su carácter de extraordinario aficionado. Porque como muy bien marca el decálogo del aficionado sin mácula, es imprescindible que los toros a lidiarse vengan a ser como los de las litografías de Wilhelm Gaïl; experimentar orgasmos con las tardes llenas de interés de la Plaza de Toros de Las Ventas; hacer causa común con ese areópago de excelentes aficionados en que consiste el tendido siete de Madrid, y llevar ese rigor a una plaza tan respetuosa y silente como la de Pamplona. Asimismo, es forzoso leer artículos tan sesudos y eximios como los de esos dos grandes teóricos que son José Ramón Márquez e Ignacio Ruiz Quintano. Y si se pueden leer acompañados de la música de fondo de “Yo tenía un camarada”, mejor.
Y por supuesto, negar al Juli siempre sus logros, porque son los demás los que están equivocados. ¿Qué saben en Valencia, en Sevilla y en todo el sur de Francia de Toros?. “Pa`toros Madriz y Pamplona, que es donde no nos la dan con queso. A hablarnos del Duende van a venir a Pamplona, con lo que nosotros sabemos de eso. ¡Cagüen la órdiga…!“.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “¡CAGÜEN LA ÓRDIGA!,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 07.18.10 / 4pm
- Categoría:
- Al natural
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