UN BENDITO IMPOSIBLE
Genera estupor erigirse en testigo de ese centón de paradojas que vienen a sacudir y zarandear la modorra de nuestro día a día. Aunque bien pensado, da la sensación de que esa alienación de que es víctima el españolito de a pie se sostiene gracias a ese fármaco que es la contradicción.
El próximo día 28, Cataluña se apeará institucionalmente del vagón taurino. Y subrayo institucionalmente, porque de facto ya se apeó tiempo ha.
Barcelona, que es la única plaza de toda Cataluña donde los Toros no son sino el eco de la amplísima oferta lúdica que una ciudad plenipotenciaria como la Condal puede poner a disposición del consumidor final, alcanza con dificultad el lleno de la mitad de su aforo, a pesar de lo brillante de sus carteles, donde cualquiera de sus combinaciones supera con creces la insufrible oferta que su antagonista, Madrid, pone a disposición de los tontos de sus abonados. Ya sé, ya sé, que en este momento algún memo de ocasión levanta la mano para decir que con José Tomás se llena siempre hasta la bandera. Pero a pocas luces que se tenga, se convendrá en que en el caso del iluminado de Galapagar, lo que se activa es un sucedáneo de los jacobeos que coadyuvan a una peregrinación derivada de todo punto geográfico y perfectamente orquestada para crear una realidad virtual.
A la gran mayoría de la población catalana no le interesan los Toros en absoluto. Ni lo más mínimo. Y esta desidia hay que agradecérsela a los profesionales de este sector, cuya política empresarial sólo se ha basado en la inercia propia de un colectivo que sólo sabe desarrollar acciones orientadas al incremento de su patrimonio a costa de darse marchamo de aficionado de pro, sólo capaz de presionar a los políticos cuando de exigir subvenciones se trata, o de solicitar prórrogas para sus pliegos, si ha lugar.
En realidad no es este el caso de Barcelona, ya que la plaza es propiedad de una familia antaño gran aficionada, hoy apática e indolente que da la sensación de esperar el momento propicio para especular con los terrenos del monumental edificio.
¿Dónde está el resto de empresarios?. ¿Cuántos de ellos jugaron su capital para tratar de interceder por la reflotación de la plaza y su afición?. Los empresarios sólo van a tiro hecho.
A estas alturas, el tema de los Toros en Cataluña ya no tiene remedio posible. A la desidia se le suma un oportunismo de tinte político que se constituye en la puntilla definitiva.
Pero lo peor no es esto. Lo peor es que hay quien trata de sostener un pulso político de tono conceptual, pero en absoluto práctico. La muy corta de ingenio Esperanza Aguirre, tratando de derivar cualquier responsabilidad más allá de su terruño cree ser un remedo de Agustina de Aragón, y a la majadería de declarar en la Comunidad que la padece en calidad de gobernanta los Toros como Bien de Interés Cultural, se suma ahora un querer darles eco a través de la emisión en Telesperanza de esos anodinos, aburridos y contraproducentes espectáculos dominicales con apenas un cuarto de aforo, nutrido de japoneses que al tercer toro se van al hotel.
Sumémosle a eso que la narración corre a cargo del ignaro Moncholi y el resultado no puede ser más desesperanzador.
Y encima, todo esto lo pone en liza pretendiendo atribuirse un grado de españolidad que se constituye en una ofensa.
Esta gentuza que agrede con un patrioterismo zarzuelero y gestual, que pretende canalizar el “amor” a España de manera carnal y concupiscente sólo contribuye a hacer más despreciable todo ese ritual de ademanes.
Cuánto deberían aprender de esos muchachos que desde Sudáfrica, sin pretender enarbolar más bandera que la de un destino y objetivo común, han puesto al servicio del mismo su juventud y su alegría. Han redimido de ascendente unos colores que les venían dados de antemano y han sido conscientes de que, desde cualquiera de sus legítimos y personales sentimientos, una finalidad les hacía iguales en aspiraciones y destino. Catalanes, vascos, castellanos, andaluces, asturianos, canarios… Todos han puesto al servicio de un ideal superior su respetabilísima génesis. Sin jaculatorias, sin arengas. Sin jactancia, pero sin titubeos. Que al fin, y al cabo, eso siempre ha sido España. La verdadera España. Un bendito imposible.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
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- Publicado:
- 07.11.10 / 5pm
- Categoría:
- Al natural
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