CERRADO Y SACRISTÍA
Este hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día, tiene ahora un blog de medio pelo en Internet desde el que eructa toda su ignorancia.
Esa España afligida y lúgubre que sólo utiliza la cabeza para embestir, pretende hacer pedagogía desde la infinita tristeza de un blog demacrado y mustio.
Ahora que Internet ha democratizado la opinión pública, afinando bien y empleando buen tino, se puede solazar uno en la lectura y esbozo de páginas web no exentas de intención y coherencia. De lucidez y erudición. De inteligencia y talento.
Pero, lamentablemente, se corre también el riesgo de transitar por oscuras oquedades en que lo único que brilla al fondo es el tópico y la ladilla. La ignorancia y el colmillo retorcido. La mal digerida aspiración de eminencia y una corrosiva envidia.
Estomagan esos individuos mediopensionistas que pretenden arrogarse un aire insobornable, adobándolo en la fritura del topicazo. Los tontos a las tres que pretenden hacer comulgar con ruedas de molino a la Razón. Los badulaques que defienden las tediosas tardes del verano venteño, donde ganado de saldo pasa por paradigma de bravura y ganaderías sin futuro compiten por presentar el animal más desproporcionado. Es común en estos celadores de la moral, abanderar un fundamentalismo críptico y soterrado que en su propia ilegibilidad encuentra mullido acomodo para postularse como el pentecostés de unos pocos elegidos.
Estos badanas tienen un altísimo concepto de sí mismos, hasta el punto de ningunear cualquier opinión que encuentre aquiescencia mayoritaria por el mero hecho de tener adeptos. No se dirigen a selectas minorías, sino a grupúsculos marginales en los que la inadaptación no es una postura intelectual, sino una patología. Sacrifican un impulso emocional en el instante en que observan que encuentra mayor número de simpatizantes que el que ellos le otorgan en primera instancia.
Acusan a las reales y egregias minorías de tutelar un espectro, que ya quisieran ellos regir, tachándolas de vanidad. Fatuidad que sólo a ellos corroe por no hallar correspondencia entre sus aspiraciones y su valía.
Creen dar pábulo a la España del cincel y de la maza y no contribuyen sino a engordar a Caín como el Pithecanthropus Erectus de un Charles Mingus con sonido de charanga y pandereta al fondo.
Por supuesto, su gran caballo de batalla es Julián López “el Juli”. Un torero tan capaz y poderoso que su palmaria escasez de juicio les impide ver y valorar en su entera dimensión. Le acusan de todos los males que asolan al entorno taurino. No suelen apuntar a los empresarios, a los periodistas, a los toreadores de saldo, o al público lanar y alienado, no. El culpable, según ellos es el Juli. Hace falta ser tonto del haba.
Estos mismos mentecatos hubieran cuestionado en su día a Joselito el Gallo, o a Manolete, pongo por caso. No soportan a los triunfadores. Su mala baba y su mordaz rencor les inhabilitan para juicios pausados y sesudos. ¿Qué no les gusta el Juli?. Perfectamente respetable. Pero que orquesten una campaña de descrédito ante la irrebatible certeza de su excelencia, resulta de una villanía absolutamente infame.
Estos macarras de la moral son los mismos zopencos a los que se les hincha la boca a la hora de hacer citas, tan manoseadas y redundantes por otro lado, que no rubrican sino su escasez de conocimientos y de imaginación. Citar a Bergamín para establecer un comparativo entre Mozart y Bethoven, con Joselito el Gallo y Juan Belmonte, desprende un hedor a naftalina que tira de espaldas. Y pretender resultar brillante por el hallazgo de equivalencias entre El Juli y Bon Jovi, pone de manifiesto, aparte de una escasa imaginación, el baldío alarde de un ejercicio de seudo purismo tan rancio y tan decadente que por no inspirar no inspira ni lástima.
Se tienen por faro de Occidente y espectrales luminarias que bucean en los bajos fondos, como salmonetes nutridos de fango. Perpetradores del hallazgo de una seudo pureza primaria y tasadores de un supuesto arte, tan marginal y menguado que su intensidad dadaísta sólo contribuye a levantar cefalalgias. Unos pelmas, vamos.
Pelmas, para mayor abundamiento, con el costroso caparazón de esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste.
La España de cerrado y sacristía. Sol y moscas.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “CERRADO Y SACRISTÍA,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 06.12.10 / 10am
- Categoría:
- Al natural
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