LAS AVENTURAS DE VIPO
Días atrás una, cuando menos, curiosa noticia se constituyó en el foco de atención del mundo taurino. No fue la, en absoluto esperada, reaparición de Jesulín de Ubrique en el Palacio de Vistalegre de Madrid. Tampoco su caída del cartel al conocer la pírrica expectación que su vuelta había generado. Ni mucho menos el deseo de ese pegamantazos de Antonio Barrera por gustarse más (¿más, o algo?), o esos masajes públicos que se autoaplican morrallas seudo periodísticas como Burladero.com presentando su nueva recua de pesebreros.
No. La noticia era mucho más curiosa que todo eso.
Resulta que el taurinismo está indignado porque el protagonista de una serie de dibujos animados, un vivaracho perrito volador, en su afán pedagógico por dar a conocer a su infantil público las características de los países que sobrevuela con sus desproporcionadas orejotas, al transitar los cirros de ese firmamento de Madrid que extiende pasaporte al Cielo , acude de la mano de su amigo Henry -una cigüeña marisabidilla y relamida- a los Toros.
Antes de desplazarse al coso, Henry cuenta a Vipo los pormenores que rodean al espectáculo de marras. Matiza aspectos tan poco verosímiles como que España era un país plagado de toros a los que antiguamente tenía que combatir la población para mantenerse a salvo. Al llegar a la plaza, una especie de remedo entre el Coliseo de Roma y la plaza de Toros de Valencia, observan cómo sobresale la cola del toro Billy de una jaula a pie de calle. Hasta allí se desplazan para conocer de cerca al bendito animal. Cuando le preguntan que porqué va a pelear con el matador, el toro se sorprende haciéndoles ver que debajo de su fiera carcasa no habita sino el pastueño deseo de colocarse un distintivo similar a aquel que mostraran esos desocupados cómicos que años atrás perpetraron la presentación de los premios Goya: “No a la guerra“. No obstante, abrirse el toril, aparecer al fondo un tal Fernando agitando una muleta a modo de capote, e irse como una exhalación a por él, Billy, fue todo uno. La cigüeña le hace ver a nuestro amiguito Vipo que el color rojo vuelve locos a los toros, excitándoles de modo que, como por arte de hipnosis, se manipula su voluntad. Naturalmente, esto Vipo no lo puede tolerar. Así pues, de la mano de sus temerarios coleguitas, salta al ruedo para defender a Billy. Allí se suceden extraños capítulos, como el de dos orondos banderilleros echándole arena a los ojos al samaritano burel. Mientras, Fernando el matador, hace permanentes ejercicios de fatuidad poniendo en liza todos los ademanes y aspavientos de los toreros envarados. Con una espada al cinto más propia de Barbarroja que de un matador de toros, termina sosteniendo un duelo con la cigüeña Henry que termina derivando en el ultraje de verse con la taleguilla a la altura de las canillas, en base a un zurcido de la entrometida zancuda.
A todo esto, Billy ha huído con el zascandil Vipo buscando la ansiada libertad de sus pastos, para con posterioridad irse de la pata con una vaca frisona que asistía en barrera al espectáculo.
Absolutamente enternecedor.
Pues resulta que este frágil suceso ha conmovido los resortes del taurineo de cartón piedra. La Mesa del Toro se ha rasgado las vestiduras, ha puesto el grito en el cielo y ha clamado por reunirse con el máximo responsable de Radio Televisión Española, el tal Alberto Oliart, que nada más conocer las inquietudes de esta troupe les ha hecho una pedorreta sostenida que el Director Gerente de la Mesa del Toro, el infatigable Martín Peñato (¿Peñato, o Peñazo?) ha interpretado como inequívoca señal de deseo de entendimiento. Señala el ínclito ganadero y locuaz comentarista que Oliart, aunque no podrá estar en una primera reunión, les ha dicho que enviará a su “mano derecha”, es decir, al portero de su finca. Hecho este, que parece haber dejado muy tranquila a la plana mayor de la Mesa. Esos abnegados y tenaces representantes del mundo taurino.
Y yo me pregunto, ¿alguien cree que un tipo elegido a dedo, como el tal Oliart, sin más objetivo que el de pintar la mona en base a las indicaciones que reciba desde Moncloa, va a tomarse en serio a este hato de zampabollos con perfil de provincianos en demanda de la pensión en que dejar su maleta de cartón con la “Chivi” y dos gallinas?. Irán allí, les sacarán los canapés sobrantes de la reunión con los sindicatos del día anterior, se harán una foto con ellos, les darán una palmada en la espalda y “¡hala!. No preocuparse, que en cuanto pueda os miro lo vuestro“.
¿Pero a quién pretenden engañar?. La Mesa del Toro y ANOET no tienen cojones para dar un puñetazo encima de la mesa. La mesa de verdad. La de caoba en que especulan con el dinero de todos los españoles los buhoneros de la moral, los chamanes de la opinión pública, los administradores del erario ajeno. La Mesa, la de mentira, la del Toro, como ANOET, no son sino los instalados que dependen de las administraciones, a quienes no levantan la voz para seguir gozando de prebendas.
Así que no nos cuenten historias tan poco creíbles, tan torticeras, tan sesgadas, tan ayunas de armazón como las que nos cuenta el perrito Vipo, porque “su público” ya no tiene ni tres, ni cinco años.
No me cansaré de repetirlo. Con esta caterva de estómagos agradecidos que tiene el Toro por representantes, este espectáculo permanecerá varado eternamente. Mientras, los alrededores de esta liturgia, ese público pastueño y lanar seguirá la senda que marcan estos cabestros de estruendoso y poco efectivo cencerro.
Lo del perrito Vipo es un pueril estigma de que hay quien tiene deseos de dinamitar desde su base cualquier tentativa de afición. De que hay una guerra encubierta de la que sólo los tontos no se han enterado. Una guerra a la que sólo podremos enfrentarnos después de haber liquidado a toda la basura institucional que corroe los cimientos del Toro (empresarios, periodistas y adosados). Y Vipo es un contendiente frágil. Pero, o se reacciona a tiempo, o llegará el día en que la factoría Disney, cree su héroe. Y este no será un torero. Será un toro, víctima de extorsiones y de ese cruel deseo de los españoles de torturar y dar muerte a un pobre animal. Y con Walt Disney, en calidad de Lanzelot, las posibilidades de victoria serán exiguas. Y de seguir las cosas así, nos pillarán en paños menores, la casa sin barrer y con una inevitable cara de gilipollas.
Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “LAS AVENTURAS DE VIPO,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 02.21.10 / 2pm
- Categoría:
- Al natural
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