JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
“Siempre he sabido que de Manolete iba a escribir algo”
“Del verdadero Chicote ya no queda nada. Te propongo quedar en Casa Dani, en la calle Calatrava. Una taberna de hace un siglo que mantiene el sabor y en la que es probable que estuviera Manolete“.
Con estas palabras, Joaquín Pérez Azaústre, más que en un lugar me citó en un tiempo. Una mirada retrospectiva sobre barra de zinc, altos techos, enormes espejos y litografías de La Lidia. El espacio más a propósito para hablar de Literatura y de Toros. El tiempo en que sin más baliza que el leve parpadeo del dios Baco, dos hombres del siglo XXI volvían a 1940. Atmósfera con olor a dry martini, Floïd, y brillantina bien aplicada para seducir a la femme fatale.
Apareció sonriente y cordial. Estaba especialmente contento porque su nueva novela, “La suite de Manolete”, va a aparecer también en edición de bolsillo. Lo que en un principio pretendía ser una entrevista formal, terminó por convertirse en una charla animada. No fue extraño. Joaquín Pérez Azaústre, además de poeta y escritor, es un extraordinario conversador con tanta capacidad oral como escrita para despertar enorme interés. Así pues, nuestra conversación corrió por varios derroteros, a cada cual más interesante.
“Observo en la plaza de toros una verdad sensorial”
“Aunque no soy un aficionado de pro, los Toros nunca me han sido indiferentes. De pequeño, incluso me ponía delante del televisor cuando daban una corrida y emulaba a los toreros”.
Se considera un amante de los animales, no en balde por su casa han desfilado infinidad de perros, gatos, pájaros, “y a pesar de ello, nunca he tenido un conflicto con el espectáculo taurino”. Lo que sí le genera cierta incomodidad es la actitud de determinados colectivos antitaurinos. “Considero un error equiparar el mundo del Toro con otras costumbres que nada tienen que ver con él, como lanzar una cabra desde un campanario. Me inspira muy poco respeto el perfil de los detractores que desvarían y politizan el entorno taurino, si bien cualquier comentario esbozado con mesura y sentido común se gana inmediatamente mi consideración”. Aunque ajeno al mundo del Toro, su contemplación le despierta curiosidad. “En la plaza de toros observo una verdad. Una verdad sensorial que algo tiene que ver con nuestros orígenes. Un culto telúrico”.
“Admiro el genio, pero valoro enormemente el trabajo”
Hemingway encarna parte de sus más firmes convicciones literarias. “Es un escritor vital, aderezado de energía y pasión. Al margen de sus conocidas algaradas, viaja con la humildad del que quiere aprender aquello que desconoce. Se empapa de ambientes convirtiéndose así en un extraordinario narrador de campo”. Y es que para Joaquín el trabajo de ambientación, como el trabajo per se son la base de la que debe partir todo creador. “Lo que diferencia a alguien con talento de quien termina siendo una figura es su capacidad para fajarse. Considero que el oficio de escritor mantiene cierto paralelismo con el de torero. Ambos somos muy individualistas. El escritor escribe frente a todo y frente a todos, por lo que mantener el nivel de autoexigencia se tiene que hacer frente a muchos frentes. No soy amigo de los grandes destellos. Creo en el trabajo continuado, y es que los grandes genios que he conocido han sido grandes trabajadores”.
“La inseguridad es una capacidad para advertir las propias carencias”.
Me cuenta una anécdota relacionada con aquella Residencia de Estudiantes en que eran cabeza visible Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel. “Cuando Federico escribe su Romancero Gitano, Dalí le envía una carta abyecta en la que minimiza el valor del Romancero. Pues bien, García Lorca en lugar de apelar a su contrastado talento, cuestiona su propio genio al considerar la opinión de una persona cuyo juicio estima en muy alta medida. A partir de aquí, Federico se sumerge en un mar de dudas que potencian su capacidad de trabajo. Y es que el genio sin trabajo no es nada”.
“Manolete desprende enigmas”
Poco a poco, nos vamos centrando en la última novela de Joaquín, “La suite de Manolete”. Un thriller con olor a cine negro de los 50. “Reconozco la influencia de la película Laura, de Otto Preminger”. Se reconoce cinéfilo. Y ese mestizaje entre el cine norteamericano de los cincuenta y la Generación Perdida, tienen mucho que ver en su perfil de escritor. “La gente me preguntaba cómo podía pasar de Scott Fitzgerald a Manolete. Yo les decía y por qué no. Manolete es extraordinariamente atractivo, incluso como personaje literario. Por ello he tratado de rescatar la visión romántica del personaje. Romántica y misteriosa. Manolete desprende enigmas, y los enigmas son los que provocan que nos fijemos en las cosas”.
Se moteja para lo taurino como alguien que pasa por allí. Sin embargo, “siempre he sabido que de Manolete iba a escribir algo”.
Inevitablemente, vamos abriéndonos paso a través del mundo taurino para saber dónde está el germen de ese contacto. “Todo en Córdoba recuerda a Manolete, si bien, aun no siendo cordobés me hubiera terminado encontrando con él”.
“De Manolete queda el silencio”
La novela es, entre otras cosas, un extraordinario recorrido por Córdoba. Una ciudad varada en su propio estatismo. Una ciudad en cuyos rincones “hay tabernas a las que asisten los mismos parroquianos a diario, viéndose todos los días sin hablar. Manteniendo ese ascetismo, y ese senequismo de los que Manolete es el gran referente”.
Me intereso por su opinión acerca de qué aspectos considera él que se mantienen del universal torero cordobés en el toreo de hoy. “Creo que Ponce es ejemplo de oficio, de profesionalidad y de rigor. No obstante, confieso que hace un año tuve ocasión de ver a Sebastián Castella y me sorprendió su arrojo. Arrojo extrapolable a José Tomás, si bien a este le cogen en exceso los toros, y empiezo a sospechar de eso…”
Profundo admirador de la generosidad entre contrarios, señala que el gesto de José Tomás al devolver la Medalla de Bellas Artes no le gustó en absoluto. “No se puede hacer una cosa así entre compañeros”.
Esbozamos líneas de pensamiento taurino y le participo mi suspicacia con respecto a Ponce. Él defiende su sentido de la responsabilidad, su mantenerse al margen en diatribas como la de la Medalla de Bellas Artes y en el hecho de no dar un toro por perdido. “En eso -me dice- creo que mantiene cierto paralelismo con Manolete. No obstante, entre ambos dos se da una diferencia muy notable. Ponce no tiene sentido de culpabilidad. Manolete, sí. Me explico. Ponce es figura en la España del bienestar. Manolete era millonario en la España de las cartillas de racionamiento. Él conducía un Buick azul cuando la gente no tenía ni para comer. Todo esto contribuía a acentuar el ya de por sí marcado sentido de la responsabilidad de Manolete. Además, era un hombre generoso, por lo que no tolero a los críticos de Lupe Sino. Los que criticaban a Lupe por suponerla interesada en Manolete sólo por notoriedad y dinero eran, precisamente, los que vivían del dinero de Manolete”.
Dani, propietario de la taberna en la que estamos, comienza a barrer recogiendo el ambiente de una nueva jornada que se despeña sobre sus mesas de mármol. Silente y respetuoso nos deja llegar hasta el final de esta entrevista sin sugerir que hace tiempo pasó la hora de cerrar. Cuando atravesamos la puerta de la taberna, respiramos un aire que huele a siglo XXI. Nos emplazamos para comer rabo de toro. Como Hemingway, queremos llegar hasta el tuétano de las cosas.
“Manolete desprende enigmas”
Poco a poco, nos vamos centrando en la última novela de Joaquín, “La suite de Manolete”. Un thriller con olor a cine negro de los 50. “Reconozco la influencia de la película Laura, de Otto Preminger”. Se reconoce cinéfilo. Y ese mestizaje entre el cine norteamericano de los cincuenta y la Generación Perdida, tienen mucho que ver en su perfil de escritor. “La gente me preguntaba cómo podía pasar de Scott Fitzgerald a Manolete. Yo les decía y por qué no. Manolete es extraordinariamente atractivo, incluso como personaje literario. Por ello he tratado de rescatar la visión romántica del personaje. Romántica y misteriosa. Manolete desprende enigmas, y los enigmas son los que provocan que nos fijemos en las cosas”.
Se moteja para lo taurino como alguien que pasa por allí. Sin embargo, “siempre he sabido que de Manolete iba a escribir algo”.
Inevitablemente, vamos abriéndonos paso a través del mundo taurino para saber dónde está el germen de ese contacto. “Todo en Córdoba recuerda a Manolete, si bien, aun no siendo cordobés me hubiera terminado encontrando con él”.
“De Manolete queda el silencio”
La novela es, entre otras cosas, un extraordinario recorrido por Córdoba. Una ciudad varada en su propio estatismo. Una ciudad en cuyos rincones “hay tabernas a las que asisten los mismos parroquianos a diario, viéndose todos los días sin hablar. Manteniendo ese ascetismo, y ese senequismo de los que Manolete es el gran referente”.
Me intereso por su opinión acerca de qué aspectos considera él que se mantienen del universal torero cordobés en el toreo de hoy. “Creo que Ponce es ejemplo de oficio, de profesionalidad y de rigor. No obstante, confieso que hace un año tuve ocasión de ver a Sebastián Castella y me sorprendió su arrojo. Arrojo extrapolable a José Tomás, si bien a este le cogen en exceso los toros, y empiezo a sospechar de eso…”
Profundo admirador de la generosidad entre contrarios, señala que el gesto de José Tomás al devolver la Medalla de Bellas Artes no le gustó en absoluto. “No se puede hacer una cosa así entre compañeros”.
Esbozamos líneas de pensamiento taurino y le participo mi suspicacia con respecto a Ponce. Él defiende su sentido de la responsabilidad, su mantenerse al margen en diatribas como la de la Medalla de Bellas Artes y en el hecho de no dar un toro por perdido. “En eso -me dice- creo que mantiene cierto paralelismo con Manolete. No obstante, entre ambos dos se da una diferencia muy notable. Ponce no tiene sentido de culpabilidad. Manolete, sí. Me explico. Ponce es figura en la España del bienestar. Manolete era millonario en la España de las cartillas de racionamiento. Él conducía un Buick azul cuando la gente no tenía ni para comer. Todo esto contribuía a acentuar el ya de por sí marcado sentido de la responsabilidad de Manolete. Además, era un hombre generoso, por lo que no tolero a los críticos de Lupe Sino. Los que criticaban a Lupe por suponerla interesada en Manolete sólo por notoriedad y dinero eran, precisamente, los que vivían del dinero de Manolete”.
Dani, propietario de la taberna en la que estamos, comienza a barrer recogiendo el ambiente de una nueva jornada que se despeña sobre sus mesas de mármol. Silente y respetuoso nos deja llegar hasta el final de esta entrevista sin sugerir que hace tiempo pasó la hora de cerrar. Cuando atravesamos la puerta de la taberna, respiramos un aire que huele a siglo XXI. Nos emplazamos para comer rabo de toro. Como Hemingway, queremos llegar hasta el tuétano de las cosas.
Alejandro Lora y Francisco Callejo
Sobre esta entrada
Esás leyendo “JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 05.24.09 / 7pm
- Categoría:
- Tendido de los sastres
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