¿Y QUÉ DECIR?

microfono12¿Y qué contar cuando no hay nada que decir o contar? La tiranía de las parrillas de programación que, lógicamente, deben estar completas, impulsa a muchos periodistas de tres al cuarto a rellenar sus programas. Los auténticos y buenos periodistas suelen odiar la palabra rellenar. Quiere esto decir que algunos, en el mundo taurino, los más, casi todos, no saben de qué hablar, qué decir o con qué completar las horas de programa, o la columna periodística que algún jefezuelo obsesionado por rellenar parrillas de programación les dio hace años, muchos. Otro día hablaremos del apoltronamiento en el sillón de los medios de comunicación de los que se hacen llamar críticos taurinos que además compaginan su trabajo en varios medios de comunicación resultando cansinos y no dejando despegar a otros nuevos periodistas, de los de verdad, con nuevas ideas y que probablemente, seguro, saben mucho más de toros que ellos, pero no han tenido la suerte de bautizarse por no tener padrino; o lo que es más grave se han bautizado, pero los propios apoltronados han puesto en marcha sus mecanismos para que estos nuevos, cultos, trabajadores, conocedores e imaginativos no continuarán haciendo peligrar su sillón.
Pero hoy quería referirme a esa creatividad, a ese periodismo en estado puro. Cuando no hay ferias, ni escándalos, ni baile de apoderados o empresarios, ¿de qué hablan los programas taurinos? Pues sencillo, a la vez que hiriente para los verdaderos aficionados: se dedican a hacer insulsas entrevistas a supuestas figuras. Entrevistas que no sirven para nada más que para afianzar su artificial amistad, para cantarse las supuestas lindezas mutuamente y para despedirse con un asqueroso “gracias, figura”, “un abrazo, maestro” “adiós, amigo” y esa sarta de tonterías que me revuelven las entrañas. No soporto ese estilo periodístico de dar a conocer al espectador, al lector, o al oyente lo colegas que somos, lo bien que nos lo pasamos, lo que hemos pasado juntos, cuanto nos admiramos mutuamente, y lo que nos encumbramos diariamente unos a otros. Qué asco. Aunque todo eso sea verdad, el espectador, oyente, o lector no debe percibirlo por la sencilla razón de que esa circunstancia resta, a los oídos del oyente, credibilidad, imparcialidad y objetividad a la conversación. Es el primer capítulo de muchas de las escuelas de periodistas que inundan nuestra geografía, pero algunos se saltaron esa clase.
Otro de los recursos utilizados para paliar la ausencia de contenidos es hablar de no sé qué torero, en no sé qué corrida, de no sé qué ciudad, de no se qué país. Y es que todavía no se han enterado de que esas cosas no interesan a nadie. ¿O es que conocen a alguien que conecte con un medio de comunicación para saber el resultado de esas corridas?
El tercer recurso al uso son los apoderados y los empresarios. Con los primeros para continuar la línea de peloteo incesante y estar así “más cerca” de las figuras. ¿No será para otros fines? Y con los segundos, con los empresarios, tres cuartos de los mismo. Al hilo de eso dicen los periodistas mentiras acerca de los carteles que en ese momento diseña el empresario y así aprovechan para gozar de un lugar privilegiado en la retransmisión de las corridas de esos “carteles tan completos”.
Podría continuar hasta el hartazgo, pero el capítulo dos de los medios de comunicación es la concisión. Terminaré sugiriendo alternativas a la ausencia de contenidos. Una, plantearse si los toros es un acontecimiento- para nosotros artístico-, que exige programas semanales de tres horas o columnas taurinas diarias. Dos, recurrir a enseñar a los necios, como yo, el arte del toreo a través de reseñas históricas tratadas con rigor, de forma entretenida y con conocimiento. Claro que esto último quizá sea lo más difícil. La historia en los medios de comunicación, si está bien contada, documentada y realizada no tiene por qué ser aburrida. Tres, otro recurso periodístico que desconocen, el reportaje. Existen miles de temas en todos los sectores profesionales y más en los artísticos, que merecen un reportaje y también el reportaje si se manejan los tiempos y figuras periodísticas puede ser entretenido si se hace bien.
En fin, no doy más ideas y no son pocas. Sólo resta invitar a la reflexión, a la refundación de la información taurina, a la revisión de sus contenidos, a la renovación de los apoltronados en base a obsoletas técnicas taurinas y periodísticas o a comportamientos halagüeños sin fundamento profesional. En definitiva, como no les veo capaces de ello, mejor ¡¡¡¡¡¡¡¡dejen ustedes paso a nuevos valores, con nuevas ideas, nuevos conceptos, y mucho más conocimiento artístico y profesional que ustedes¡¡¡¡¡¡¡¡

                                                      Alejandro Lora                 


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