CUESTIÓN DE IMAGEN

imagen5Analizando, analizando y mirando atrás he reparado en que después de unos cuantos artículos para esta página, todavía no he hablado, como mero aficionado ignorante, de la imagen que entre todos damos de la fiesta nacional. Someramente queda claro en los artículos ya publicados, pero quizá merezca un análisis algo más amplio.
En los tiempos que vivimos, gobernados por la imagen y la apariencia, sobra decir que todo comunica, todo ayuda a formar lo que los expertos llaman identidad corporativa o imagen de marca, y los no expertos llamamos, simplemente, imagen. Necio sería el que piense que eso se reduce al marketing, las casas comerciales, o los políticos. Quizá necedad se quede corto, podríamos llamarle estulticia. Las personas, las ideas, los colectivos, las actitudes, las ideologías…todo absolutamente tiene una imagen pública, errónea o no, que le perjudica o le beneficia. Los publicistas lo llaman “posicionamiento”.
Naturalmente, los toros también. Todos los que de alguna manera pertenecen al mundo taurino ayudan o perjudican a la imagen pública y social de la fiesta. Y ello, aunque muchos se olviden permanentemente, es una carga de responsabilidad mayúscula. Mucho más si realmente se ama la fiesta.
No vamos a perder ni un minuto en reproducir frases ni hablar de los que montan plataformas antitaurinas o absurdas manifestaciones contra algo que desconocen sublimemente. Ya hemos hablado de lo perjudiciales que resultan para esa imagen los Ortega bailarines, los Fran modelos, o los Higares mediáticos. Pero la reflexión va mucho más allá. Hay que hablar también de los periodistas vendedores de humo y falsas amistades, los ganaderos que “cuelan” insufribles toros amparados en no sé qué, fandangueros detrás de un número en un tendido, apoderados más preocupados de su renta pecuniaria que de un verdadero concepto puro, empresarios de plazas engolados, engominados y endiosados porque su abono les produce pingües beneficios porque obligan a hacerse con él, aficionados de medio pelo preocupados por lucir determinadas galas, señoritos propensos al egocentrismo disfrazado de afición taurina…La lista sería interminable.
Nunca he estado del todo de acuerdo con esos que dicen que no les importa lo que piensen los demás. Lo dudo, y mucho. No se trata de vivir de cara a la galería, ni de aparentar; se trata de cuidar la imagen, de transmitir lo que realmente hay de esencia en los toros. Se trata de no tener que oír esa maldita frase que oigo desde que tengo uso de razón de que “lo más normal, honrado y merecedor de halago que tiene este mundo taurino, es el toro”. ¿A los que dicen formar parte de esto, no se les revuelven las tripas cuando escuchan esa afirmación? ¿No les da vergüenza? ¿Les impulsa a hacer algo?
Pronto empezarán las grandes ferias y de nuevo volveremos a contemplar extraños personajillos que cubren sus miserias con un halo de afición taurina que lo único que consigue es macular la imagen y que a algunos nos dé auténtica grima contemplar lo inicua que su actitud puede resultar.
Ya dije que la imagen de algo, sin obsesionarse, es básica, fundamental. Es una responsabilidad enorme que carga sobre nuestras espaldas y hay que saber afrontarla. Claro que eso significaría ser responsable, y me temo que hoy en día esa virtud escasea.
Dedíquense, dediquémonos a mejorar la imagen. No por nada, ni para nada sino simplemente para dignificar una fiesta, que pese a quien pese, es la Fiesta Nacional y forma parte de nuestra historia, de nuestro arte, de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia… de nuestra responsabilidad.

                                                               Alejandro Lora


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