SIN PRESUNCIONES
No puedo, ni pretendo, presumir de nada. Además ya estamos cansados de los presuntuosos que viven de sus supuestos conocimientos, experiencias o vivencias. Y obsérvese con especial atención lo de supuesto.
No he estado casi nunca cerca de un toro, y nunca, por suerte, delante. No vivo ni por, ni para, y, mucho menos, del toro, el toreo o todo lo que le rodea. Siento escalofríos con los discursos tópicos y típicos de los periodistas convertidos en predicadores que basan sus crónicas, comentarios y escritos en la amistad, el talante (maldita palabra) o el buen rollo que mantienen, y que ellos mismos han creado artificialmente, con toreros, apoderados, cuadrillas y empresarios. Y con los aficionados de medio pelo que hablan de toros ex cátedra o creyéndose poseedores absolutos de la verdad, adoctrinando o dando lecciones de no se qué. Escalofríos es poco.
Yo soy un ignorante. Y precisamente en esa ignorancia radica la sabiduría. Una sabiduría popular, basada solamente en la contemplación del espectáculo taurino, como eso, como un espectáculo. Sabiduría agrandada por la capacidad de reflexión que da la distancia, la independencia (otra maldita palabra), y el desinterés absoluto por formar parte de lo artificial, superficial o lo económico que es lo único que mueve a muchos de los que se consideran profesionales, entendidos o prensa especializada. Venga ya.
Probablemente, no sabría explicar que es una verónica, un toro bien picado, “cargar la suerte”, unas banderillas bien puestas o “estar fuera de cacho”, pero hay tantos otros que creen saberlo y lo único que hacen es enmierdar el espectáculo que merecen la sinceridad absoluta de quien reconoce no saberlo y no entenderlo, pero que se enteró hace mucho, pero que mucho tiempo, de lo que es el arte, el duende o el embrujo. Alguien que, sin saber una palabra de tópicos y estupideces, es capaz de emocionarse al ver el duende de Paula, la mano baja de Morante, o la planta de Conde. Y eso es lo que importa: percibir, transmitir, sentir, quedarse embriagado de los pequeños detalles. Y no necesitar adular innecesariamente a nadie para poder vivir. Vivir alimentando la farsa, lo artificial y los asquerosos tópicos que nos inundan. Bueno, más bien, que les inundan.
Sin pretender que este primer artículo sea una declaración de intenciones, vaya por delante que desde “El tendido de los sastres” les escribirá un auténtico ignorante del tecnicismo taurino, que tratará de acercar la visión del mero espectador, del que paga una entrada en Las Ventas, pero no va a gritar desde el 7, ni a palmear, ni a usar tópicos. Simplemente, el espectador. El que va al futbol y en su vida ha sabido, ni quiere saberlo, que es el “rombo defensivo”, el “4-3-4” o vaciedades similares, que para eso ya está Valdano, pero que supo apreciar el juego de Maradona, la templanza de Butragueño, o “como las ponía” un tal Michel.
Tampoco apareceré en esta página para desenmascarar a nadie (yo creo que ya están desenmascarados), ni para ir contra nadie, ni para inventar nada, ni para revolucionar nada. Visión de espectador, nada más y nada menos.
Al contrario de lo que pueda parecer, será una visión que aportará mucho a las manidas crónicas y comentarios al uso, y que no caerá en tecnicismos absurdos, porque, como tantos otros, aunque los usen, no los conozco, ni quiero. Quiere esto decir que no me dolerá en absoluto que me cuelguen el cartelito de ignorante, yo ya lo sabía. Pero también sé que el que únicamente se quede ahí, ese sí que no se ha enterado de nada, ese si que no sabe de qué va esto. Quizá esos sean los “Valdanitos” del toro. Por otro lado, como los de ese grupo son tantos y tantos, no espero muchas lecturas, muchas visitas, ni muchos reconocimientos. Esa es mi ventaja.
Alejandro Lora
Sobre esta entrada
Esás leyendo “SIN PRESUNCIONES,” una entrada de La Charpa del Azabache
- Publicado:
- 01.10.09 / 4pm
- Categoría:
- Tendido de los sastres
)




