UNA REPUGNANTE OBSCENIDAD
Esto del toreo, que siempre ha sido oficio de giróvagos y trajinantes, cojea de crédito por entre el virtual entorno en que resbala el ADSL. Esta sociedad, programada para la estupidez y deformada para la excelencia ya no atiende a los bisbiseos de una apolillada liturgia que lanza boqueadas con la agónica y espantada mueca del pez que se afana a una vida más allá del agua.
De
NO CONFUNDIR CON WC

Pedro Javier Cáceres, que es nombre pasiego y comunal; o Pedro J Cáceres, que suena con delicuescente son europeizante; o PJC que es ya la acróstica repanocha del dadaísmo, es un crítico de nalgas bajas y miras altas. Un instalado desde aquellas enmohecidas calendas en que tanto se llevaba tener un Biscúter y un primo en el Pardo.
Un periodista de la vieja escuela. Aquella que afincó su
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