EL MAÑANA EFÍMERO
Se están desoxidando las viejas chirimías y cornetas que ensayan el toque a rebato. Cierran filas entorno a una bandera la jauría de odios embozados que muestran sus salivados dientes. Truena la ubérrima causticidad de esa saña carpetovetónica cuyo blasón se cifra en la españolísima leyenda que ribetea su heráldica, donde se puede leer: “De qué se habla, que me opongo“.
De nuevo esa capciosa tendencia a desempolvar la adarga
LA EVIDENCIA, CONCLUYENTE
A medida que la tarde languidecía más allá de la circense cubierta que pretende servir de cúpula al Palacio de Vistalegre, más se acentuaba la intensidad artificial de su mortecina luz interior. Ese vómito lumínico que naranjea el enfermizo albero de su ruedo.
Tarde de relumbrón, en que cincuentonas desocupadas dejaron de lado el café y las pastas en casa de Carmencita para irse de la mano de sus bolsos
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